ACTUALIDAD DIOCESANA

12/06/2024

Tengo un convertido, ¿me lo quedo?

En su columna de opinión de este mes de junio, el sacerdote Tomás Durán reflexiona sobre los distintos métodos de primer anuncio que facilitan el encuentro con Cristo y advierte de la dificultades de mantener la fe después del primer encuentro emocional. Destaca la necesidad de integrar esos métodos en la comunidad eclesial para evitar un aislamiento

 

 

En los últimos meses, se ha introducido un diálogo pastoral entre los métodos de primer anuncio y el proceso que requiere una conversión tras dejarse encontrar por Jesús, pues es Él el que se encuentra con nosotros, se nos adelanta y nos primerea. Este es un matiz nada desdeñable y fundamental para la conversión de una persona. Ya somos buscados por Jesús antes de que ni siquiera le busquemos; y Él es quien se deja ver, nos encuentra y nos introduce en su amor. Es fruto de la gracia, no solo de nuestro esfuerzo, clarividencia, emoción o sentimiento. La alegría es primero de Él, y después “su” alegría en nosotros (Cf. Jn 15,11).

Es verdad que es necesario hoy procurar que los hombres y mujeres de nuestro tiempo, en muchos casos alejados de la experiencia de fe, tengan un encuentro con el Señor que desencadene un inicio de la fe, a través del primer anuncio. Este primer anuncio parte de experiencia de gustar y ver el amor de Dios, de sentir que Jesús te ama, de entender que tu vida es una donación y respuesta en donación a este amor que nos antecede, vive en nosotros, y se convierte de esta manera en sentido, misión y horizonte de mi vida.

Para ello, en estos momentos han surgido métodos y herramientas de este primer anuncio o evangelización primera: LifeTeen, Emaús, Células de evangelización, cenas Alpha, Effetá, Proyecto amor conyugal, etc. Cada uno de ellos, de manera viva, es un método de encuentro primero y personal con Jesucristo y se convierte en un itinerario fervoroso de inicio de la fe, como un fuego que arde en el corazón. Todo esto es promovido y alentado por pastores de la Iglesia, y acompañado por laicos y consagrados. Estos métodos son transversales, en los que pueden participar todos, hombres, mujeres, niños, jóvenes… porque vienen de las parroquias y vuelven a ellas. ¡Cuánto bien están haciendo estos métodos! La Iglesia es un jardín lleno de flores. El Espíritu Santo sopla fuerte.

Este camino de conversión inicial, con técnicas y métodos estudiados y planificados, no está exento de dificultades. El método, de por sí muy valioso, provoca un primer momento de emoción y subjetivismo muy fuerte, acompañado de un encuentro con el Señor. Pero esto puede apagarse al ritmo que desaparecen las emociones. Otra de las dificultades es que hay mucha gente que va de método en método de primer anuncio, sin llegar a pertenecer a una comunidad parroquial. El subidón emocional que el método produce, les hace instalarse y engancharse en la organización de ellos con una tarea, de manera interna, como si de un pseudomovimiento se tratara. En no pocas ocasiones, todo se sitúa y transcurre en un “acompañamiento endogámico” de aquellos que han iniciado un camino de fe. Es el título de este artículo: “Tengo un convertido, ¿me lo quedo?”Sí, es mío, es a veces la respuesta que se intuye escuchar. Eso les puede hacer languidecer en un pequeño resto aislado. Hay que unir muy bien el método y un proceso posterior, pues necesitamos misioneros en las parroquias, arciprestazgos y diócesis, con fuego en el corazón y también ancho espíritu eclesial, como ya estamos percibiendo que se realiza (Cf. Jn 4,35-36) en nuestra diócesis y agradecemos vivamente.

Para finalizar, es precioso lo que el papa Francisco señala en Evangelii Gaudium (Cf 163-166) sobre el primer anuncio, a saber: proclamar el contenido salvífico y amoroso del Kerygma cristiano, antes que las obligaciones morales que se derivan de él, que apele a la libertad del oyente (es fundamental), y “que posea unas notas de alegría, estímulo, vitalidad”. Y por parte del mensajero del primer anuncio, señala que ha de tener “cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial que no condena”. Algo prioritario para que no todo quede en un subidón es “la necesaria progresividad de la experiencia formativa donde interviene toda la comunidad y una renovada valoración de los signos litúrgicos de la iniciación cristiana”.

Detengámonos en estas últimas líneas. Repasémoslas. Es bueno lo emocional, pero debe continuar: a) con “una necesaria progresividad de la experiencia formativa”. Pero no solo desde el grupo que usa el método, sino también b) “donde interviene la comunidad”. Además, no solo desde los elementos del método, sino con c) “una renovada valoración de los signos litúrgicos de la indicación cristiana”, que acoge al método en su originalidad, pero a la vez, lo ensancha, con la iniciación cristiana y una inserción eclesial y misionera. ¡Qué sabiduría! ¡Qué luz para este momento!

Tomás Durán Sánchez,
párroco “in solidum” de Doñinos de Salamanca

 

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