27/10/2024
El protagonista de hoy, aparte de Jesús, es un ciego, Bartimeo, el hijo de Timeo. No es ciego de nacimiento, pero ha perdido la luz. Es consciente de ese enorme problema; sin embargo, no ha perdido la esperanza. Tiene tanta esperanza que va a provocar que Jesús obre la última curación antes de subir a Jerusalén para sufrir la pasión.
Este relato evoca el itinerario del catecúmeno hacia el sacramento del Bautismo en la Iglesia antigua, que se llamaba itinerario de iluminación. Esta curación es una llamada a la conversión, a nuestra conversión, porque a veces somos ciegos voluntarios. Tenemos miedo de reconocer las virtudes y cualidades que Dios nos ha concedido y que Jesús nos pide que pongamos al servicio de los demás. También podemos tener miedo de reconocer nuestros defectos y pecados, e intentamos ocultarlos.
Y si nos encontráramos con personas que han perdido la esperanza y el sentido de la vida y están sufriendo mucho, ¿actuaríamos como los acompañantes de Bartimeo, que a toda costa quieren que deje de gritar?
¿Nos preocuparíamos por ellos? ¿Intentaríamos ponerles en camino con Jesús? ¿Les acompañaríamos hasta que se decidieran a recibir de Jesús la luz de la fe y de la esperanza?
¡Feliz domingo de la iluminación!
Antonio Matilla, copárroco de la Unidad Pastoral del Centro Histórico