El Seminario diocesano invita a los jóvenes a participar del 26 al 30 de diciembre en una experiencia de solidaridad y fraternidad con los enfermos en el Cottolengo del Padre Alegre en las Hurdes (Cáceres).
La casa está dirigida por las Hermanas Servidoras de Jesús. En ella atienden a niños y adultos enfermos que no pueden ser atendidos por sus familiares ni ser acogidos en otros centros e instituciones. Los jóvenes participantes colaborarán en las tareas diarias que realizan las Hermanas para cuidar y acompañar a los residentes. Además compartirán con ellas oración y eucaristía diaria.
Si estás interesado en participar inscríbete enviando un e-mail a: seminario@diocesisdesalamanca.com. Las Plazas son limitadas.
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Pastoral Juvenil organiza el 25 de abril un “Happening” para alumnos de cuarto de la ESO
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La invitación se extiende a todos los centros educativos de la capital y la provincia con el objetivo de que los alumnos se conviertan en “peregrinos de esperanza” por el Jubileo
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
La Delegación de Pastoral Juvenil de la Diócesis de Salamanca ha convocado a todos los centros educativos de Salamanca a participar en el “Happening” que tendrá lugar el próximo 25 de abril en el auditorio de Calatrava, y que está dirigido a los alumnos de cuarto de la ESO, y que forma parte de la programación diocesana del Jubileo de la Esperanza, convocado por el papa Francisco para este año.
En una carta dirigida a los centros, el delegado de Pastoral Juvenil, Andrés González Buenadicha, recuerda que con el lema “Peregrinos de la Esperanza”, “este año jubilar quiere ser una invitación a renovar la fe, mirar al futuro con valentía y vivir un encuentro personal con Jesucristo”.
En tres sesiones
La actividad se desarrollará en horario escolar, y tendrá una duración aproximada de una hora. En concreto, se han previsto tres sesiones: 9:30 horas, 11:30, y si hay alta demanda, a las 12:30 horas. Durante este tiempo, los jóvenes vivirán un momento de encuentro, oración y reflexión para descubrir el verdadero sentido de este Jubileo.
Desde Pastoral Juvenil se ha animado a los centros a inscribirse y participar en este día cuya inscripción puede realizarse a través del siguiente formulario: Formulario de inscripción
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Pastoral Juvenil reúne a más de 80 niños y jóvenes en la “Gran acampada” de Dueñas
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Siete participantes de diferentes edades comparten su testimonio de la experiencia vivida del 28 al 30 de marzo, donde se reunieron tanto los niños del campamento diocesano como los grupos Ohana y Jerut
Este pasado fin de semana tuvimos nuestra convivencia Jerut y Ohana. Era la segunda que hacíamos algunos de los veteranos, pero la primera para muchos otros, así que andábamos un poco nerviosos y no sabíamos cómo nos lo íbamos a pasar, pero aún así el viernes por la tarde nos metimos todos en un bus y nos pusimos rumbo a Palencia. El viaje no se nos hizo muy largo, y al llegar nos sentamos todos a presentarnos, y fuimos a colocar nuestras cosas. El sitio era muy grande y estaba precioso. Tuvimos una reflexión por grupos y luego cenamos perritos calientes, y por la noche hicimos una yincana.
A los de Ohana nos pusieron con los pequeños, como “monis” y nos lo pasamos muy bien. Las pruebas eran muy divertidas, aunque mi grupo no ganó. Luego ya hicimos las buenas noches y nos fuimos a dormir. El sábado por la mañana fuimos de ruta, y estuvimos con Jerut hasta un pueblo que no estaba muy lejos, y los de Ohana seguimos hasta subir un cerro. Al llegar arriba, estaba muy cansada, pero la verdad es que las vistas valieron la pena.
Al volver, comimos cocido y me tocó quitar la mesa, pero con la ayuda de todos fuimos rápido. Por la tarde, estuvimos preparando la velada de esa noche, celebramos una misa, cenamos sopa y calamares, y todos nos fuimos a disfrazar. La velada estuvo muy entretenida, en Ohana hicimos un teatro y un baile, y al final estuvimos todos bailando. El domingo, después del buenos días, tuvimos unos juegos con los de primero y segundo de la ESO, para presentarles Ohana, y más tarde, jugamos al fútbol, baloncesto o juegos alternativos. Después, comimos y llegó el momento de hacer la maleta y limpiar. Entre todos acabamos muy rápido y pudimos hacer la evaluación de la convivencia, en la que todo el mundo puso muy buena nota. En el viaje de vuelta estábamos muy cansados y algunos nos dormimos. Ha sido un finde muy intenso, pero lo hemos pasado genial con los de Jerut, y lo recordaremos siempre, además, para los que es nuestro último año ha sido la última convivencia, que no ha podido ir mejor.
Este finde semana hemos tenido una convivencia todos juntos y para mi ha sido la primera acampada con Ohana, una experiencia increíble desde el primer momento. Nada más llegar, hicimos una presentación de los diferentes grupos y después una yincana que nos ayudó a integrarnos y romper el hielo. A partir de ahí, todo fue fluyendo de manera natural, con cada grupo, Jerut y Ohana se organizaban para repartir las tareas y asegurarse de que todo funcionara bien.
Las actividades han sido muy variadas y han permitido que todos disfrutáramos de la acampada al máximo. Ha habido momentos más reflexivos y emotivos, como la misa y los cantos, que nos unieron mucho y nos hicieron vivir la experiencia con más profundidad. También, tuvimos otros más dinámicos, como la ruta, que en el caso de Ohana la hicimos un poco más larga para aprovechar el tiempo juntos y disfrutar de la naturaleza. Fue un momento perfecto para compartir risas, conversaciones y crear recuerdos inolvidables.
Pero sin duda, uno de los momentos más especiales fue cuando Jerut nos invitó a los que terminamos en Ohana a formar parte de su grupo el próximo año, al igual que Ohana con los de segundo de la ESO. Fue un gesto muy bonito que nos hizo sentir la importancia de esta comunidad de fe y el vínculo que se crea entre todos.
Este finde hemos tenido una convivencia el grupo Ohana junto con Jerut y los niños del campamento. Celebrada en los misioneros del Verbo Divino, una residencia que se encontraba en el municipio de Dueñas, en Palencia.
El viernes, al llegar allí, nos sentamos todos juntos para conocernos un poquito más y saber un poco de cada uno. Algunos niños, sobre todo los nuevos, estaban muy nerviosos porque no sabían lo que podría pasar en esa convivencia. Nosotros, Ohana, estábamos entusiasmados por compartir tiempo con los niños del campamento y con Jerut. La cena fue preparada por dos grandes cocineros, Percy y Laura, y gracias a ellos tuvimos la oportunidad de sentirnos como en casa. Por la noche, hicimos una yincana todos juntos, mezclados entre nosotros para crear una sola familia. Fue una noche muy divertida en la que tanto pequeños como mayores nos lo pasamos genial.
Al día siguiente, nos levantamos, hicimos los buenos días y… ¡Nos fuimos de ruta! Visitamos el pueblo de Dueñas, que estaba a muy pocos minutos de donde estábamos. Y aunque los niños del campamento se quedaron en el pueblo, Ohana seguimos un poco más hacia adelante, pero, sobre todo… hacia arriba. Subimos a una pequeña montaña y aunque hubo momentos que pensábamos que no llegaríamos, con ganas y ánimos, entre todos logramos subir.
Allí, preparamos la gran velada de por la noche. Después, bajamos y fuimos otra vez hasta la residencia para comer. Más tarde, tuvimos tiempo libre, preparamos la eucaristía y la celebramos todos juntos con cantos que nos unieron a todos como una gran familia. Por la noche, tuvimos la velada, en la que cada grupo tenía que hacer una actuación para un “concurso”, y todos pusimos todas nuestras ganas y alegría porque nuestra actuación le gustase a los demás, y sobre todo, que pasasen un gran momento con risas. Al acabar, estuvimos todos juntos bailando alguna canción y nos fuimos a la cama.
El domingo por la mañana, después de los buenos días, nos juntamos con los chicos de 1° y 2° de la ESO para enseñarles un poquito lo que era Ohana, unirnos, hacerles sentir como en una familia y animarles a que viniesen. Después de comer, todos juntos nos dedicamos a recoger y limpiar todo (porque cada día cada grupo tenía un oficio), y tristes por la despedida pero llenos de recuerdos y momentos bonitos compartidos sin importar la edad, nos fuimos hacia Salamanca para encontrarnos otra vez con nuestras familias.
Me llevo una gran experiencia con muchos aprendizajes y en la que he disfrutado de cada momento.
Para mí esta acampada ha sido mágica, donde gente de varias edades nos hemos juntado y hemos hecho muchos amigos. Hemos disfrutado como hermanos en esta convivencia y hemos conocido un poco más a Jesús. Esta ha sido mi primera acampada y ya estoy deseando ir al campamento este verano.
Llevo tres años en el campamento de la Pastoral Juvenil, voy camino del cuarto. Pero, aunque este sea mi último año de campa, me gustaría animar a más gente a vivir esta gran aventura. Hace tres años yo descubrí el campamento gracias a una amiga, nunca había salido de mi casa sola tantos días, y sin mis padres, pero me lancé sin pensar en todo lo que iba a vivir y todos los recuerdos que iba a guardar.
Todo lo que me pasó en el primer campa es lo que me anima a seguir, el conocer a gente nueva, ver todo lo que llevan preparando un año los monitores para ayudarnos a crecer en la fe y conocer mejor a Jesús. Para mí, de las actividades de Jerut, el campamento de verano son días de desconexión, de pensar solo en todo lo que voy a disfrutar.
Aunque mis años en el campamento ya se van acabando, después va otra gran familia, Ohana, que seguro que nos recibirán a todos los de 2º ESO con los brazos abiertos, gracias a la gran acampada del 28 – 30 de marzo he podido pasar un fin de semana junto a ellos.
Creo que hablo en nombre de todos los niños de esta gran familia, que esperamos con ilusión el campamento y tantas ganas durante todo el año, que la semana de antes de irnos, nos comen los nervios de pensar en si van a ir todos nuestros amigos, de cómo nos lo vamos a pasar, ¡piensas en tantas cosas esa semana! Pero luego cuando llegas allí, todos esos nervios desaparecen y tu cabeza solo piensa en las actividades que te van proponiendo y en los valores que en cada una de ellas aprendemos de la mano de Dios.
Todo esto es posible gracias a un gran grupo, Jerut, que durante todo el año organiza toda esta aventura para darnos lo mejor de ellos; pero todo ello, no sería posible si no estuviera Jesús presente y guiándonos. Me encantaría, y estoy dispuesta a seguir formando parte de esta historia muchos años más, y sin duda, a animar a mucha gente a que disfrute con nosotros.
El fin de semana del 28, 29 y 30 de marzo se realizó “La Gran Acampada”. Para llevar a cabo esta actividad nos trasladamos hasta el albergue juvenil perteneciente a los misioneros del Verbo Divino, a escasos kilómetros de Dueñas, Palencia. Esta acampada tenía como temática los “Superhéroes”, con el lema ¿Qué superhéroe eres tú?
La actividad abarcó un total de 65 participantes entre los que incluimos 45 niños y niñas de edades desde 1º de Primaria hasta 2º de la ESO y 20 adolescentes entre 3º de la ESO y 1º de Bachillerato. A mayores, contamos con la participación de un total de 18 monitores, pertenecientes a los grupos de la pastoral juvenil “Jerut” y “Ohana”.
Los coordinadores generales de la Gran Acampada fueron Raúl Izquierdo García, coordinador del grupo de jóvenes “Jerut”, acompañado de Lucía Rodríguez Blanco y Alba Wen González López, integrantes del grupo “Jerut”; y Alejandro Cuesta Flores, coordinador del grupo de jóvenes “Ohana”, junto con Antonio Mario López Benavente, acompañante del grupo de jóvenes “Ohana”.
Puedes leer en este enlace su crónica completa.
Hola, me llamo Juan y estoy en catequesis de postcomunión en la parroquia de La Purísima. Desde hace tres años participo en las acampadas y actividades de la diócesis. Lo que más me ha gustado de la “Gran Acampada” ha sido jugar al fútbol, las instalaciones, que eran amplias y cómodas. Los juegos nocturnos han estado geniales. Además, la eucaristía la preparan muy bien y está adaptada para niños y jóvenes. Yo os animo a participar en las actividades de la diócesis. Por mi experiencia, lo pasamos muy bien, conoces a gente nueva y haces amigos. Los monitores son muy majos y te ayudan a conocer a Jesús.
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Once iglesias del mundo rural se abren al turismo esta Semana Santa
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Los templos abrirán sus puertas del 12 al 21 de abril, en horario de 11:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00 horas, para acercar el arte y la fe, gracias al Programa de Apertura de Monumentos que promueve la Junta de Castilla y León en colaboración con la Diócesis de Salamanca
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
La Diócesis de Salamanca participa un año más en el Programa de Apertura de Monumentos en Semana Santa, una iniciativa promovida desde 2004 por la Junta de Castilla y León, en colaboración con las diócesis de la comunidad. El programa tiene un doble objetivo: por un lado, poner en valor el patrimonio histórico-artístico eclesial y, por otro, dinamizar el medio rural a través del turismo cultural, abriendo al público una selección de templos durante dos momentos clave del año: Semana Santa y verano.
En esta ocasión, diez templos de la diócesis abrirán sus puertas del 12 al 21 de abril, en horario de 11:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00 horas, gracias a la colaboración de voluntarios designados por los párrocos que se encargarán de recibir a los visitantes y ofrecer explicaciones sobre la historia, el arte y los aspectos técnicos de cada iglesia.
Los templos que podrán visitarse esta Semana Santa son:
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- Iglesia de San Salvador, en Aldeadávila de la Ribera
- Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en La Alberca
- Iglesia de San Ginés y Santiago, en Miranda del Castañar
- Iglesia de San Martín de Tours, en San Martín del Castañar
- Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, en Mogarraz
- Iglesia de san Sebastián, en Villanueva del Conde
- Iglesia de la Asunción, en Montemayor del Río
- Ermita de la Virgen del Robledo, en Sequeros
- Iglesia de San Sebastián, en Villanueva del Conde
- Iglesia de Nuestra Señora del Castillo, en Macotera
- Iglesia de Santiago Apóstol, en Santiago de la Puebla
Estas visitas forman parte de las rutas temáticas del Mudéjar al sur del Duero, Sierras del Sur y Arribes del Duero, tres de las dieciocho propuestas incluidas en el programa regional, que este año ofrece la apertura de 317 monumentos en Semana Santa por toda Castilla y León.
El programa completo está disponible en la web de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte y puedes consultarlo aquí.
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Jóvenes de Pastoral Universitaria representan la Pasión de Cristo en San Benito
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“Más allá de la vida”, es el título de la iniciativa que se llevará a cabo este miércoles, 2 de abril, a las 21:30 horas en la iglesia de los universitarios y que servirá como espacio de meditación cuaresmal y de preparación para la Pascua
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
Este miércoles, 2 de abril, a las 21:30 horas, la iglesia de San Benito acogerá la puesta en escena de “Más allá de la vida”, una representación de la Pasión de Cristo impulsada por un grupo de jóvenes de la Pastoral Universitaria de Salamanca.
Estructurada en cinco cuadros escénicos, esta iniciativa se aleja de una representación teatral convencional, como señala el delegado diocesano de Pastoral Universitaria, Ricardo de Luis Carballada, para convertirse en un espacio de meditación y contemplación sobre el misterio de la Pasión.
“Pretendemos que las imágenes representadas motiven a una vivencia mayor de la Pasión y a acercarnos al sacramento del perdón”, explican los jóvenes organizadores, “quienes han puesto mucho interés y horas de ensayo” para ofrecer una experiencia que toque el corazón, afirma Carballada.
La comunidad universitaria, así como todos aquellos que lo deseen, están invitados a participar en esta iniciativa que se ofrece en la antesala de la Semana Santa, para dejarse interpelar y prepararse a vivir el misterio de la Pascua.
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Un repique de campanas contra el olvido
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Carrascal del Obispo, al igual que otros pueblos de la Diócesis de Salamanca, se unió a este gesto de apoyo y esperanza para que no se apague la vida en el medio rural
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
Las campanas de la espadaña de la iglesia de Carrascal del Obispo comenzaron a sonar a la una del mediodía. Los cerca de cien vecinos que viven allí todo el año sabían que no se trataba de un incendio ni de un fallecimiento. Este tañido era una llamada para que nadie olvide la denominada “España vaciada”, que tanta calidad de vida da a su población, donde han visto crecer a tantas generaciones que se vieron obligadas a migrar a las ciudades por el mercado laboral.

Esta iniciativa, promovida por colectivos sociales y eclesiales, como el Movimiento Rural Cristiano y el Movimiento de Jóvenes Rurales Cristianos, se repitió este pasado lunes, 31 de marzo, en diferentes municipios de la Diócesis de Salamanca. El repique de campanas se convirtió en un clamor del medio rural.
El párroco de Carrascal del Obispo es el padre Lino Herrero, misionero de Mariannhill, que además de este municipio es responsable de otros siete pueblos, y de la ermita de Nuestra Señora del Cueto. Entre todos ellos suman unos 1.200 habitantes, según el último censo de 2024, que se triplica en los meses de verano.
La calidad de la vida rural
Lo primero que destaca es la ayuda inestimable del sacristán, Andrés Matilla, más conocido como “Sito”, “me lleva las cuentas, me aconseja, y es el que me indica lo que hay que hacer en lo relacionado con el templo”. Este religioso destaca la calidad de vida en el medio rural, y en referencia al gesto de tocar las campanas se plantea que a lo mejor “quien las tiene que oír no las va a oír, pero es un buen gesto”.
El padre Lino insiste en que aunque en Carrascal no suena una sirena de una fábrica, ni el de una ambulancia, “todavía suenan las campanas”. Y no solo ese lunes, “sino todos los domingos, cuando la campana llama a la gente”. Asimismo, tiene otros toques programados, como el Ángelus por la mañana. Este párroco cree que ese sonido, de alguna manera, “es señal de que Dios existe y nos llama“.
El sacristán también reivindica la vida en el pueblo, donde nació, aunque con 40 años tuvo que irse a Madrid primero, y más tarde, trabajar como cartero en Ledesma. Pero con la jubilación, Andrés Matilla “Sito”, volvió a Carrascal. “El párroco de aquel entonces, Manuel Díaz, que estuvo en el pueblo durante 43 años, le dio las llaves de la iglesia, “él viajaba mucho y yo atendía el templo”. Sito valora que siempre han tenido sacerdotes; “estamos muy bien atendidos”. Este vecino, de 91 años, cuida de la iglesia como si fuera su propia casa, que así lo siente, “estoy pendiente por si surge alguna gotera o algo”. Además, también lleva las cuentas parroquiales.
Hasta 750 habitantes en décadas pasadas

Él reconoce que en el pueblo no les falta de nada, “y hay una tranquilidad muy grande”, y tres días a la semana tienen un secretario en el Ayuntamiento, el médico, viene dos, y el centro de salud más cercano está en Matilla de los Caños, a ocho kilómetros. “Las escuelas se cerraron hace muchos años, y hubo un tiempo con mucha vida”, recuerda. De hecho, cuando era pequeño, “en la escuela éramos 40 niños, y como estaba dividido, había otras 40 niñas”. Y el padrón municipal, que en la actualidad el censo es de 187, “llegamos a tener hasta 750 habitantes”. Pero Sito reconoce que si se pone a contar los que duermen durante todo el año, “andamos entre 80 y 90”. Y aunque admite que Carrascal está un poco despoblado, “nos llevamos muy bien”, y suelen verse en misa, y después, para tomar algo.

Celeste García es otra vecina del pueblo que colabora con la parroquia, “soy una fiel más del pueblo”. Allí admite que vive muy bien, “tenemos todas las comodidades como las que podemos tener en una ciudad, pero con una calidad de vida excepcional”. Ella relata que en verano, Carrascal se llena de vida, “pero ahora mismo, más de la mitad de las casas están vacías”. También tuvo palabras para el que fue su párroco, Manuel Díaz, “quien arregló la iglesia”, y a día de hoy, “está muy bien cuidada”.
Otro de los vecinos de Carrascal del Obispo es John Jairo Giraldo, colombiano de nacimiento, pero desde que llegó hace cuatro años a este municipio, es un vecino más. “Vine a trabajar cuidando de una persona dependiente, la cual hace pocos meses falleció, pero decidí quedarme y aquí estoy”. Para este joven, vivir en un pueblo le ha parecido una experiencia “maravillosa”, y su idea es quedarse, “no lo cambiaría por nada”. También subraya el recibimiento que tuvo por parte del pueblo, “ha sido con mucho cariño, nunca me han tratado como un extranjero, y eso ha hecho que que quiera quedarme aquí”.
Oportunidades laborales

Luis Fernando García es natural de Carrascal, y hace unos años volvió a su pueblo tras regentar en Salamanca capital una tienda de decoración. “Tengo una casa rural que exploto en verano, y un comedor, donde doy eventos y comidas por encargo, y a la salida de misa, la gente viene a tomar el aperitivo”. Este emprendedor reconoce que en el pueblo “se vive muy bien”, agradece la presencia del párroco, el padre Lino Herrero, “y seguir escuchando las campanas cada domingo”.

Otro de los vecinos de este pueblo del Campo Charro es Julián Martín, que apodan “el poeta”, porque lo es, y siempre le ha gustado la prosa. Él nació en Cordovilla, pero una vez jubilado, decidió volver al pueblo natal de su padre, que era Carrascal del Obispo, “me vine a mi querido pueblo”. Entre los poemas que ha escrito, y que han sido publicados en un libro por el Ayuntamiento de este municipio, está uno que se titula: ‘Loa a Carrascal’.
Carrascal del Obispo, donde flota
junto a cada mañana nacarina,
la acogedora sombra de la encina
con sabor agridulce de bellota.
Sencilla, austera y en silencio brota
la hondura de la vida campesina,
y hay un eco solemne en cada esquina
dócil a la memoria más remota.
Se riza una canción emocionada
en las alas poéticas del viento.
Tanto fulgor desprende tu explanada
que ansiado de tus campos el aliento,
se acerca como un beso la alborada
y la tarde se va como un lamento.

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De la Cruz a la luz, una vigilia de esperanza en la Catedral
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Los fieles se reunieron para orar, compartir experiencias y renovar su compromiso de ser testigos de la esperanza cristiana tras una semana de iniciativas vinculadas al Jubileo
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
La vigilia de oración que se celebró el pasado viernes en la Catedral como culminación de la Semana de la Esperanza comenzó con una invitación: “Hemos llegado a la casa de todos para encontrarnos entre nosotros y para un encuentro personal y comunitario con el Señor Jesús, nuestra puerta de salvación”. Esa misma voz en off insistía en que desde la Iglesia, la única misión es anunciar siempre en todos los rincones de Salamanca que Él “es nuestra verdadera esperanza”.
Y esa celebración se convertió en una oportunidad para contemplar el acontecimiento de salvación que ha cambiado el rumbo de la historia, “en el que se asienta nuestra esperanza, la muerte y resurrección de Jesús, y acoger el envío que él nos hace sin cansarse, con paciencia infinita para caminar juntos”. También se recordó a las víctimas del terremoto de Birmania, “con tantos hermanos que sufren”.

Tras la primera lectura del Evangelio y el gesto de acercar la Cruz de la asamblea hacia el altar, una joven de Alba de Tormes, Lourdes Vaquero, ofreció su testimonio como voluntaria en Valencia tras la DANA, en concreto, en la localidad de Paiporta. “Allí pude ver mucha esperanza, primero, en la recogida de alimentos y enseres”, advertía. Lo primero, sus vecinos de Alba, donando todo lo que podían para llevarlo allí. Junto a unos amigos, ella se subió a una furgoneta y salió para Paiporta. “Cuando pudimos entrar, que nos costó un poquito, nos pusimos en contacto con una familia de Alba de Tormes que vive allí, y tuvimos mucha gratitud por parte de ellos y de sus vecinos, aún habiendo perdido todo”, relataba.
Una experiencia “dura y difícil”
Lourdes reconoce que ha sido la experiencia “más dura y difícil que he vivido”, porque estaba todo arrasado, según explicaba. Y cuando empezaron a repartir el material, “también pudimos ver la gratitud de la gente, que cogía lo justo para que llegara a los demás”. Esta joven de Alba de Tormes también resalta la cantidad de jóvenes que vio en Paiporta, “riadas de chicos y chicas que recorrían kilómetros y kilómetros cargados con garrafas”. Otro de los aspectos que destacó fue cómo la gente abría la puerta de sus casas, “pese a que no tenían nada”.
Después de este testimonio, se invitó a los presentes a adorar la Cruz de la asamblea con un sencillo gesto: acercarse al Crucificado, Y tras ello, recoger un saquito de semillas depositado en un gran cesto, que nos recuerda que, “con su muerte, ha sembrado en nosotros, en la humanidad y en el universo la esperanza”.
El segundo testimonio de la tarde fue el de Sor Genara García, abadesa del monasterio benedictino de Nuestra Señora de las Dueñas, en Alba de Tormes, que habló de la esperanza desde su comunidad religiosa. Ella reconoció que su vida de comunidad, “se abre cada día a esta esperanza, vivir la comunidad en comunión, siendo diversas, con dificultades, pero con un gran anhelo”.
La necesidad del silencio

Por otra parte, confirmó que otra dimensión de su vida es el silencio, “en un mundo donde la prisa se ha convertido en una constante, donde ya no se tiene tiempo para encontrarse”. Y a menudo, incluso en las en las familias, “se vuelve difícil reunirse y conversar con tranquilidad“. Además, admitía que la paciencia ha sido relegada por la prisa, “lo que ocasiona un daño grave a las personas”. De hecho, reiteraba, “ocupan su lugar la intolerancia, el nerviosismo y, a veces, la violencia gratuita que provocan insatisfacción”.
Sor Genara insistía en que debemos aprender a esperar con paciencia, “porque en el silencio se fragua este encuentro con el Dios de Jesús, que da sentido a todo lo que nos acontece en la vida”. Y que necesitamos estos tiempos para el encuentro con nosotros, “con él y con los demás”.
La adoración al Santísimo fue otro momento personal e íntimo de la vigilia, en silencio. Los carmelitas del convento de San Andrés fueron los responsables de acompañar la celebración con su música y sus voces. Y tras rezar el Padre Nuestro, el encuentro terminó con la canción de Alma misionera.
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La familia centra el IV Encuentro de Catequistas del Arciprestazgo Virgen de la Vega – San Juan de Sahagún
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Catequistas de las diferentes comunidades parroquiales que integran este arciprestazgo reflexionaron sobre cómo lograr una mayor participación de las familias en las celebraciones, la catequesis y la vida parroquial
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
El pasado sábado, 29 de marzo, la Casa de espiritualidad de las Misioneras del Alto del Rollo acogió el IV Encuentro de Catequistas del Arciprestazgo Virgen de la Vega-San Juan de Sahagún. Bajo el símbolo de una huella, que expresa el deseo de “dejar una marca con los pasos que vamos dando juntos” como señala su arcipreste, Juan Andrés Martín, la jornada giró en torno al tema de la familia, en sus distintos ámbitos pastorales: “litúrgico, catequético, sociológico,…”, según explicó.
El encuentro, que reunió a catequistas, sacerdotes y religiosas del arciprestazgo, comenzó con una oración, inspirada en el texto evangélico y el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret, guiada por la parroquia del Milagro de San José. Después, siguió una dinámica de presentación de lo participantes y un taller de testimonios, en el que catequistas y familias de las parroquias de María Auxiliadora, La Asunción de Nuestra Señora y Nuestra Señora de Fátima compartieron sus experiencias sobre celebraciones litúrgicas, catequesis y acompañamiento familiar.
Tras un descanso, se llevó a cabo el trabajo en grupos, que estuvo centrado en tres cuestiones clave: la vivencia de las celebraciones litúrgicas con las familias, su implicación en la catequesis y la creación de espacios que favorezcan una mayor cercanía y participación. Las conclusiones se compartieron después en una puesta en común, en las que se ofrecieron pistas seguir avanzando en el camino pastoral conjunto.
Para terminar, los participantes disfrutaron de una comida fraterna, concluyendo el encuentro con una oración de gracias. Juan Andrés Martín destaca la alta participación y el espíritu de comunión vivido durante todo el día, y anima a los catequistas a seguir evangelizando en cada una de las parroquias y unidades pastorales del arciprestazgo.
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Tomás Durán: “La Iglesia ha aprendido mucho del mundo rural… y sigue aprendiendo”
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La Iglesia sigue presente en el medio rural gracias al compromiso de sacerdotes, religiosos y laicos. Para el vicario general, no basta con gestos simbólicos como el toque de campanas del 31 de marzo: “Los sacerdotes hemos de tomar con mucha alegría, desde la obediencia del Señor y la cercanía de Jesús, nuestra vida y entregarla al medio rural, al menos unos años de ministerio, si no es toda la vida”
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
El lunes, 31 de marzo, las campanas de las iglesias rurales de la Diócesis de Salamanca sonarán al unísono para recordar la situación de muchos pueblos que sufren despoblamiento, envejecimiento y, a veces, olvido. Es un gesto que quiere transmitir esperanza y apoyo a quienes aún mantienen viva la vida en el medio rural. Hablamos con el vicario general, Tomás Durán, para conocer cómo la Iglesia vive y acompaña esta realidad en nuestra diócesis.
¿Qué sentido tiene el toque de campanas que habéis propuesto desde la diócesis ara la jornada del 31 de marzo?
Todo el tema de la España vaciada que comenzó hace una década con un libro del periodista Sergio del Molino, que se titulaba: “La España vacía”. Ese libro provocó una conmoción social en toda la nación, y a partir de ahí, se tomó conciencia de esta España vaciada. Surgieron colectivos que defendieron y analizaron todo ese despoblamiento que existe en grandes zonas del país. También la Iglesia se sumó, con la presencia que siempre ha llevado, y con otros colectivos como el Movimiento Rural Cristiano o Jóvenes Cristianos Rurales. A partir de entonces, el 31 de marzo hay un recuerdo para actualizar esa conciencia social sobre la España vaciada.
¿Cuál es la realidad actual de la Diócesis de Salamanca en relación con esa llamada “España vaciada”?
Nuestra diócesis cuenta con unos 280.000 habitantes, de los cuáles en torno a 190.000 viven en el área urbana, en torno a Salamanca ciudad y su alfoz, y alrededor de 70.000 viven en el mundo rural: comarcas muy despobladas por la zona de Vitigudino-Ledesma, Robliza, todos los alrededores de Guijuelo, la misma Sierra,… Tenemos realidades de pueblos y aldeas muy pequeños. También están las cabeceras de comarca, que aglutinan un poco la población, pero que también empiezan a mermar. Esa realidad de geografía humana que crea, de soledad, de pueblos pequeños, sin atención, a veces solamente una vez a la semana con el médico, sin comercios, sin bares,… Todo eso va generando unas comarcas despobladas y envejecidas, y esa es una realidad diocesana que hemos de tener muy en cuenta en cuanto a la presencia evangelizadora.
¿Cómo se acompaña pastoralmente a estas comunidades rurales?
El medio rural nos ha enseñado mucho a la Iglesia. Sus hombres y mujeres nos han enseñado con su vida, con su sentido de la existencia, de la familia, del dolor, del acompañamiento, los ritos de paso de la vida y de la muerte, su trabajo en la tierra,… tantas cosas. La población rural, sus mujeres, sus niños,.. siempre nos han enseñado mucho. La Iglesia siempre ha estado presente ahí.
Hace unas décadas esa presencia era mucho más viva. En estos momentos, no hemos dejado de estar presentes: seguimos aprendiendo de ellos y también nosotros tratamos de llevarles lo que tenemos de más riqueza, que es el Evangelio, la presencia del Señor, la eucaristía, la evangelización, acompañarles en su vida, en su caminar.
En estos momentos se hace mucho también con el laicado, con hombres y mujeres laicos que, bien desde el mismo pueblo, en unidad con el sacerdote, o también desde la ciudad, recorren los pueblos entre semana y los domingos.
Ahí están presentes laicos, religiosos sacerdotes comprometidos en ese medio rural. ¿Qué rasgos caracterizan a la pastoral rural en comparación con la pastoral urbana?

La pastoral rural es muy diferente a la pastoral urbana. Aunque tengo que decir que las parroquias urbanas copian el modelo de la parroquia rural. Es decir, el mundo rural, que es un mundo agrario, con sus ciclos de primavera, verano… ha creado el año litúrgico, y eso mismo está plasmado en la ciudad.
Pero sí, ciertamente la presencia es más cercana en el mundo rural: hay un contacto más cotidiano con la gente, con sus vidas, con sus problemáticas, con sus presencias, con sus alegrías y sus duelos. También la ciudad tiene la ventaja de otros foros más amplios, con otras realidades sociales que enriquecen la vida pastoral.
¿Desde la diócesis se están llevando acciones concretas para apoyar a esas comunidades rurales?
Estamos en un momento en el que esa presencia de la Iglesia es más bien silenciosa y callada, pero sí, hay gestos importantes. Primero, la presencia de los que viven allí. Y después, la atención pastoral de los que van y vienen, que es una atención pastoral muy cuidada, muy cariñosa, muy cercana,… Después, también, un gesto muy importante es Ranquines, que es el centro de día de salud mental, y que se está abriendo también al medio rural. Esos son gestos y signos que hemos de seguir avanzando, hacia una presencial eclesial más buena, acorde con los tiempos. Para que la presencia que siempre tuvimos, de cooperativas en Alba; de lucha por la tierra, por el Ayuntamiento, en la zona de Vitigudino-Ledesma; las escuelas campesinas de Monleras que todavía siguen,… esa presencia que se ha tenido, sepamos cómo traducirla hoy en una presencia también muy cercana, de atender y secundar, muchas veces con el laicado, las justas iniciativas de los jóvenes agricultores, que muchas veces reclaman sus derechos legítimos sobre la agricultura y el medio rural.
Estamos en el Año jubilar de la esperanza. ¿Hay signos también para el medio rural?
Pues yo creo que sí. Primero, los jóvenes y familias jóvenes que quedan, los pocos que quedan, tienen una conciencia muy viva de su condición rural. Eso es un signo de esperanza. Después, las mujeres en el mundo rural son las que sostienen, sobre todo, todas las actividades culturales y asistenciales, es decir, la mujer en el mundo rural es la que sostiene esas actividades muchas veces culturales, festivas, de reuniones, de tareas educativas que se hacen. Y, sobre todo, asistencialmente. Yo creo que eso es un signo grandísimo de esperanza.
Después, también, el campo es una escuela muy grande de convivencia, de vida. Eso es una riqueza enorme. La presencia de la Iglesia aporta también esperanza con la presencia de la eucaristía, la presencia en las calles de cercanía… Lo que decía antes de Ranquines. Yo creo que hay una conciencia más social y más viva en los que quedan en el mundo rural. Sí, son signos de esperanza.
El toque de campanas de este lunes, ¿puede ser ser un compromiso concreto que se puede asumir como Iglesia y animar a otras parroquias a que lo hagan?
Invitamos, mediante una carta, a los sacerdotes que lo crean conveniente, a los párrocos del mundo rural, a que toquen las campanas el 31 de marzo. Y, además de este gesto simbólico, un compromiso más duradero es seguir profundizando en la presencia y en la atención de la Iglesia, que no se excluyen. Después, también, en el presbiterio, los sacerdotes hemos de tomar realmente conciencia de esta presencia, no debemos de abandonarla.
Hay un dicho de un sacerdote muy querido por nosotros, que decía: “Un cambio de un sacerdote de un pueblo a otro pueblo es fácil; un cambio del pueblo a la ciudad es complicado pero todavía se puede hacer; pero un cambio de un sacerdote de la ciudad a un pueblo… eso es un milagro”. Hemos de invertir eso. Es decir, en nuestro presbiterio diocesano hemos de tener la posibilidad y la dinámica de que podemos estar en la ciudad, volver al pueblo, venir al pueblo, a la ciudad,… Los sacerdotes hemos de tomar hoy, con mucha alegría, desde la obediencia del Señor y desde la cercanía de Jesús, tomar nuestra vida, entregarla al medio rural, al menos unos años de ministerio, si no es toda la vida”.
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La misericordia que restaura
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En este IV Domingo de Cuaresma, Domingo de Laetare, el sacerdote Antonio Matilla nos invita a mirar con nuevos ojos la parábola del Hijo Pródigo y a descubrir cómo la misericordia de Dios puede devolvernos la vida
Los puristas, como los fariseos de la parábola, no entienden que Dios es misericordioso; o mejor, no saben que ellos son pecadores, o pueden llegar a serlo. En la parábola del Hijo Pródigo, este cree que lo que quiere alcanzar es su libertad y su bienestar. ¿Cuál es su error? Que no tiene en cuenta ni a su padre, ni a su hermano, ni al negocio familiar que se va descapitalizar en el momento en el que el padre le entrega la parte de la herencia.
El pecado, e incluso el error no consciente, tiene consecuencias en el prójimo; llega a desvalorizarle la vida, como el hijo menor de la parábola amargó la vida de su hermano mayor y entristeció enormemente la de su padre.
La mejor manera de salir del pecado y del error que daña al prójimo es el perdón, que tiene sus raíces en la misericordia del padre que restaura la vida del hijo pródigo y también restaura el negocio familiar, porque ahora las responsabilidades están más compartidas y la familia sigue viva. Bueno, no del todo: falta que el hijo mayor, tan responsable y cumplidor, se deje querer por el padre, se contagie de su misericordia y vuelva también él a la vida.
La misericordia del padre devuelve la vida a la familia entera y a cada uno de sus componentes: al padre mismo, que recupera la alegría; al hijo pródigo, que vuelve al amor familiar y restaura su dignidad; y, al hijo obediente, pero profundamente decepcionado, quien, para volver a la vida, necesita también empaparse de misericordia.
¿Qué hacemos nosotros para acoger la misericordia a nuestro alrededor?
Antonio Matilla, copárroco de la Unidad Pastoral Centro Histórico.
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Las parroquias rurales tocarán sus campanas el 31 de marzo por la vida en los pueblos
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El vicario general de la Diócesis de Salamanca ha solicitado a los párrocos que hagan sonar las campanas a las 13:00 horas, como gesto de apoyo y esperanza, para que no se apague la vida en el medio rural
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
El próximo lunes, 31 de marzo, la Diócesis de Salamanca se unirá a la iniciativa nacional promovida por colectivos sociales y eclesiales, como el Movimiento Rural Cristiano y el Movimiento de Jóvenes Rurales Cristianos, para hacer sonar las campanas de las parroquias rurales como gesto simbólico frente al fenómeno de la “España vaciada”. Una acción que se repite desde 2019 y que busca visibilizar la grave situación de despoblación, abandono y envejecimiento que afecta a miles de comunidades rurales en regiones como Castilla y León, Extremadura, Galicia, Aragón, Andalucía o Castilla-La Mancha, entre otras.
El vicario general, Tomás Durán, ha remitido una carta a los párrocos solicitando que “las campanas de todos los campanarios de las parroquias rurales toquen ese día, 31 de marzo, a las 13:00 horas”, con el fin de “transmitir un aliento de esperanza y apoyo a todos los habitantes de nuestros pueblos”.
La propuesta responde a la petición del Secretariado de la Comisión Episcopal de Evangelización que instaba a las diócesis a sumarse a este gesto simbólico. “La apuesta de la Iglesia diocesana por los hombres y mujeres que viven en el medio rural es total”, señala en la comunicación. También reconoce que “nos duele no poder servirles con más personas y medios”, al tiempo que agradece profundamente a sacerdotes, laicos y hermanos de la vida consagrada, que “con sus vidas, entrega y dedicación muestran el amor de Jesús por lo pequeño (…) lo que a los ojos del mundo no cuenta”.
Este toque campanas se enmarca en el camino del Jubileo ordinario 2025, en el que varias diócesis de Castilla han querido poner la palabra esperanza en el centro del “caminar del pueblo castellano”. Una esperanza que “sembrada en lo hondo y en la entraña de las gentes y las aldeas castellanas” acompañadas por curas rurales que “permanecen y viven en esta tierra como acompañantes y peregrinos de esperanza”, junto a “laicos, hombres y mujeres, que permanecen allí, creyentes o no creyentes”.
El vicario general dedica un recuerdo muy especial “para los niños y jóvenes que residen allí; para los ancianos y mayores” así como un reconocimiento “a las justas reivindicaciones de los jóvenes agricultores”
Finalmente, Tomás Durán señala que esta jornada debe “resonar” en toda la comunidad diocesana: “Debemos hacer nuestras las alegrías, tristezas y, sobre todo, la esperanza de estas comunidades rurales de nuestra diócesis”. Además, anima a leer y difundir la Carta pastoral “Por amor a nuestro pueblo”, escrita por los obispos de la Provincia Eclesiástica de Extremadura, Mons. José Rodríguez, ofm (arzobispo de Mérida-Badajoz), Mons. Ernesto J. Brotóns (obispo de Plasencia), Mons. Jesús Pulido (obispo de Coria-Cáceres) que recoge su preocupación por esta realidad y en la apuntan también algunos signos de esperanza en la despoblación.
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Juan Jesús Delgado: “El mundo rural es un territorio de esperanza y futuro”
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Este militante del Movimiento Rural Cristiano alza la voz en defensa del mundo rural y se prepara para las acciones del 31 de marzo y 15 de mayo, que denuncian el abandono institucional y reivindican estos territorios como espacios de transformación social y de futuro
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
Juan José Delgado es un laico comprometido que forma parte del movimiento de acción católica: Movimiento Rural Cristiano. Es además presidente de las Escuelas Campesinas de Salamanca y concejal del Ayuntamiento de Monleras. Desde allí impulsa diversas iniciativas sociales y comunitarias. Con una gran vocación por el mundo rural, comparte en esta entrevista su experiencia y compromiso.
¿Qué es el Movimiento Rural Cristiano?
El Movimiento Rural Cristiano es uno de los movimientos apostólicos especializados, que como dice su nombre, está presente en el mundo rural, con ese compromiso de transformar la realidad de acuerdo a los valores del Reino.
¿Qué significa para ti formar parte de este movimiento?
Para mí ha sido esencial en mi recorrido como creyente, en mi trayectoria cristiana. Me formé hace muchos años en el Movimiento de Jóvenes Rurales Cristianos (MJRC) . Han pasado ya varias décadas. Y desde ahí, desde el movimiento de jóvenes, que tuvo cierta fuerza en la zona noroeste de la provincia de Salamanca, di el salto al movimiento adulto, el Movimiento Rural Cristiano. Ha sido esencial en mi formación, en mi crecimiento, en la misión y el compromiso con la realidad rural. Me ha acompañado de toda la vida…
A finales del mes de febrero participaste en Toledo en vuestra Asamblea general. ¿Qué destacarías del encuentro?
La Asamblea siempre es un momento intenso de encuentro de los grupos que estamos en las distintas diócesis. No somos muchos, como nos pasa en general a los movimientos sociales cristianos. En este momento es más difícil mantenerse como grupos, como comunidades con una trayectoria y un compromiso fuerte. Concretamente, en esta Asamblea hemos realizado una reflexión a fondo sobre la sinodalidad en la Iglesia, que conecta de lleno con lo que ha sido la trayectoria de los movimientos apostólicos, que siempre hemos tenido ese sentido de corresponsabilidad con nuestra Iglesia como laicos comprometidos, como pueblo de Dios.
Ha sido una reflexión interesante, entrando en el espíritu del Sínodo, se ha planteado como un cambio de paradigma en la Iglesia, penetrando en las claves, analizando otros documentos del papa Francisco. Ese ha sido el eje central de reflexión.

¿Esa sinodalidad y esos valores de la Iglesia se pueden ver reflejados en el mundo rural de hoy?
Claro que sí. Entendemos desde la Iglesia, desde ese camino, esa propuesta de sinodalidad que la Iglesia tiene que construir, transformar el mundo rural con otras personas, en las realidades, en las distintas plataformas, pero trabajando juntos: laicos, toda la Iglesia como institución, pero muy en sintonía con esos movimientos que están ahí, en la realidad, con la gente de buena voluntad, que está comprometida por hacer un mundo más justo, más fraterno.
Un mundo que acoja la realidad de las distintas personas, que dé respuestas a sus necesidades, que construya un mundo rural vivo, que haga de ese mundo rural un espacio de transformación social, una alternativa que necesita nuestro mundo en su conjunto.
¿Cuál es la realidad del Movimiento Rural Cristiano en Salamanca?
En nuestra diócesis es bastante pobre. Hace unos años existieron algunos grupos en la zona de las Villas, animados por el sacerdote Aníbal Hernández. Hoy ya no continúan. Como miembro activo adulto me encuentro solamente yo, sin tener detrás un grupo de referencia, me siento vinculado al movimiento de ámbito nacional. Sí que es cierto que hay bastantes personas que están en sintonía, también algunos sacerdotes que están en esa línea de tener muy presente el mundo rural.
Yo creo que la Iglesia necesita hacer una apuesta mucho más clara y firme por los movimientos apostólicos, en los que los laicos tengamos un papel activo y comprometido. Todavía estamos un poquito a la sombra del clericalismo. Necesitamos madurar, crecer, despegar… es un compromiso también nuestro. Es decir, que si no existen grupos, no se debe solo a que los curas no apuesten por ellos o una diócesis, sino sobre todo, que los laicos no acabamos de tener claro nuestro papel y nuestra misión en el mundo.
¿Podría ser entonces un reto el poder potenciar el Movimiento Rural Cristiano en la diócesis?
Sí, yo desde luego hago una invitación a la Iglesia en su conjunto, a que eso se tome en serio y que preparemos el camino. A veces hace falta presentar el movimiento, acogerlo, alentar donde existe algún grupo y, quizá hoy no formemos grupo en una parroquia aislada porque somos pocas personas en cada parroquia. Tendremos que abrirnos y unirnos con personas del entorno de una comarca, de una zona, de un arciprestazgo.
El próximo 15 de mayo se celebra el Día del Mundo Rural. Este año, ¿qué objetivos centran la campaña?
La celebración del Día del Mundo Rural es quizá la acción más importante que lleva a cabo el Movimiento Rural Cristiano hacia fuera, hacia la sociedad. Es una campaña importante a la que se invita a participar a todas las diócesis. Es un día de sensibilización, de conciencia, que pone el foco en alguno de los problemas concretos y en propuestas.
En esta ocasión, el lema es “Migrantes, nuevos vecinos en los pueblos”. Consideramos que la llegada de personas migrantes a territorios rurales es una realidad incuestionable. Se está produciendo despacito, poco a poco. Ya existen muchas personas que están llegando, que se encuentran con muchas dificultades de todo tipo: de acogida, de integración,… Y estamos en un contexto en nuestra sociedad en que se está poniendo en marcha como un discurso de rechazo y de odio. Nuestro mensaje siempre es de acogida, de trabajar juntos, no desde superioridad, sino en igualdad.
Personas que llegan, que tenemos que acoger y con las que tenemos que construir ese otro mundo rural posible en el que creemos. Hablamos de un mundo rural como espacio de acogida, como espacio de oportunidades, donde las personas ocupen el centro y es un desafío, pero también es una oportunidad de transformación de nuestros pueblos, como de hecho está ocurriendo que ellos están contribuyendo a que se mantengan servicios básicos, servicios sanitarios, servicios educativos.
¿Están contribuyendo al cuidado de las personas a mantener un tipo de agricultura de cercanía?
Creemos que es muy importante su trabajo y su presencia y que nuestro compromiso está ahí en trabajar con ellos para para hacer un mundo rural mejor.
Perteneces a la parroquia de Monleras y allí estáis llevando a cabo un proyecto de atención a personas mayores en la comarca. ¿En qué consiste ese proyecto?
No es un proyecto local,sino de ámbito más amplio, comarcal, en el que confluimos tres asociaciones, que son: Escuelas Campesinas de Salamanca, Adecasal, Adescoba, así como varios ayuntamientos que se han ido implicando a lo largo de los años, porque entendemos que solo comunitariamente podemos sostener iniciativas o proyectos de largo alcance. Este es un proyecto que lleva en marcha muchos años, casi 40 desde que se inició, y que ahora va caminando bastante consolidado.
Un proyecto que se basa en respetar el deseo de las personas mayores: el de permanecer en su casa, si es posible, en su entorno y en sus pueblos, con calidad de vida. Es un proyecto que incluye distintos pilares. Por ejemplo, la atención personal en el domicilio, con servicios básicos que son necesarios para para poder permanecer. Cuando aparecen ciertas dependencias y limitaciones, entran también los otros pilares: los servicios sociocomunitarios. Los que ofrece, por ejemplo, el Centro de día de Monleras, espacios que hacen frente a la soledad no deseada y que ofrecen esa oportunidad de participación en la comunidad, de sentirse parte activa y viva.
Y luego tenemos centros residenciales, que son pequeñas casas asistidas para personas cuya dependencia ya es muy significativa y no pueden seguir en casa, pero pueden estar en el entorno y seguir participando de otras actividades de la zona.
Es un proyecto ambicioso, en el que también nos encontramos con dificultades, pero con muchísimas esperanzas y con grandes posibilidades que se están abriendo. Entre otras, que las personas mayores están contribuyendo a la revitalización del mundo rural por el trabajo que se ha generado sobre todo en mujeres, población joven que trabaja en esos servicios.
En este momento los pueblos afrontan muchos desafíos: despoblación, envejecimiento, falta de empleo, escasez de servicios… ¿Cuál es tu mensaje de esperanza?
Sí que es verdad que, a veces, se ve más ese lado negativo, porque la realidad siempre tiene sus grandes dificultades. Pero nosotros, desde el movimiento rural, y yo como creyente, siempre pienso que el mundo rural ofrece una gran esperanza, es un lugar de futuro. Cuando estamos pensando en el modelo de sociedad en el que vivimos, parece que este es un territorio de sacrificio, un territorio de exclusión. Eso lo denunciaremos, por ejemplo, en la campaña de la España vaciada, en la que también formamos parte, el 31 de marzo.
No queremos el territorio de sacrificio al que nos conducen, sino un territorio de esperanza, porque aquí están los recursos de la vida, y existe ese saber comunitario: una experiencia muy importante de comunidad que nos pueda ayudar a crear las claves para esa nueva sociedad que necesitamos en el mundo rural. Es posible transformar. Es clave para ese cambio de paradigma, que tiene que hacer nuestro mundo hacia otro modelo de sociedad, hacia otro modelo de organización socioeconómica. Aquí estamos poniendo en marcha esperanzas que van en esa dirección y en ese camino.
Es un territorio con futuro y con esperanza, pero desde otras claves, desde otro modelo de sociedad, desde otra visión y otros valores.
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Mario Cabrera: “El mayor reto hoy es contagiar la alegría de haberse encontrado con Cristo”
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Es el único seminarista de la Diócesis de Salamanca y afronta con esperanza la recta final de su formación en su camino hacia el sacerdocio. Convencido de que “Dios sigue llamando hoy”, anima a los jóvenes a confiar y a responder sin miedo
SERVICIO DIOCESANO DE COMUNICACIÓN
Mario Cabrera Barajas es natural de Cantalapiedra y con tan solo 19 años ingresó en el Seminario diocesano de Salamanca. Actualmente cursa quinto de Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca y reside en el Teologado de Ávila junto a otros 18 seminaristas de distintas diócesis . Además, colabora como catequista en la parroquia de Villares de la Reina. En esta entrevista, habla de cómo ha crecido su relación con Jesús, cómo entiende hoy la vocación sacerdotal y cómo vive con esperanza su formación y su servicio a la Iglesia.
Después de seis años en el Seminario, ¿cómo ha ido transformándose tu relación con Jesús?
Toda vocación va creciendo a medida que se pasa tiempo con el Señor. A medida que el trato aumenta, sobre todo en la oración, en la práctica frecuente de los sacramentos, en la eucaristía diaria, en la pastoral y también en la vida comunitaria. Es ahí donde donde uno va descubriendo el rostro de Jesús. Y es ahí donde uno se va dejando modelar por Él para ser, un día, reflejo de ese Buen Pastor que es Jesús.

¿Ha cambiado tu visión de la vocación sacerdotal desde que ingresaste en el Seminario?
Sí, ha cambiado. Porque uno, de nuevas, siempre entra con unas expectativas, con un ideal. Y, a medida que va pasando el tiempo, vas dejando el ideal para para aterrizar en la realidad, en lo que realmente pide la Iglesia y la sociedad de hoy a un sacerdote. Porque los tiempos cambian y también nosotros nos tenemos que adaptar a esas circunstancias para llevar precisamente el Evangelio al hombre de hoy.
Al ser el único seminarista de la Diócesis de Salamanca, ¿sientes algún tipo de responsabilidad especial?
Yo lo vivo con la responsabilidad propia que tengo como seminarista, no una responsabilidad especial. Al final, sea uno o seamos veinte, cada uno tiene esa parte de responsabilidad de hacer presente a Dios en medio del mundo. Y lo vivo con paz, con naturalidad y también esperando -cómo no-, que otros compañeros que que hagan conmigo este camino como sacerdote aquí, en la Diócesis de Salamanca.
¿Cómo ha influido la convivencia con seminaristas de otras diócesis en el Teologado en tu manera de entender la Iglesia y la vocación?
Creo que convivir con más compañeros de otras diócesis acaba abriendo la mente, porque no te cierra solo a la única realidad diocesana que conoces, sino que aprendes de otras. Hay seminaristas de Extremadura, de Castilla,… Entonces, eso al final crea un poso comunitario muy fuerte que luego es el que tenemos que vivir en en las parroquias. En ese sentido, siempre es positivo porque el otro aporta riqueza, y al final la diferencia del otro uno aprende a integrarla y a sacar lo mejor de cada uno.
Alguna anécdota especial que haya marcado tu vida en el Seminario.
Me quedo con una al entrar en el Seminario. Nunca había estado en una ordenación sacerdotal y, a los pocos meses de comenzar, un compañero se ordenaba. Y eso me marcó profundamente: ver toda la celebración, la alegría de de toda la diócesis por ese acontecimiento,… eso me impactó. Y supuso también un impulso para continuar en la vocación.
El lema del Día del Seminario ha sido ‘Sembradores de esperanza’. En tu experiencia pastoral en la parroquia de Villares de la Reina, ¿has visto necesidad de esperanza en la comunidad? ¿De qué manera intentas transmitirla?
Sí, yo creo que nuestro mundo, hoy más que nunca, está necesitado de esperanza. Porque mires donde mires, parece que todos son catástrofes. Sólo hablamos de guerras, de lo mal que está todo, de los problemas que tenemos,… Y eso acaba influyendo en nuestra vida. Entonces, reflejar la esperanza, que no deja de ser una virtud teologal, una virtud de Dios, creo que es importante.
En la pastoral siempre intento hacerlo desde la cercanía. La esperanza no puede ser algo que a uno le parezca lejano. La esperanza está ya en ese mismo momento, en el tú a tú, en el contacto con la gente. Considero que es ahí donde tenemos que transmitir esa esperanza de que Dios nos espera y que también nosotros esperamos en Él.
¿Por qué es importante rezar por las vocaciones?
Para un cristiano la oración es fundamental. El Señor dice: “Pedid y se os dará”. Y si necesitamos sacerdotes, también tenemos que pedírselo al Señor. Tenemos que rezar por las vocaciones al sacerdocio, pero también por todas las vocaciones, para que Dios nos conceda vida religiosa, padres de familia, laicos comprometidos,… Y es ahí donde donde se crea y donde crece la Iglesia, sin ninguna duda.
Al estar ya en la etapa final de tu formación y cercano a la etapa pastoral, ¿qué retos y expectativas tienes sobre el servicio que te tocará asumir en la diócesis?
Yo creo que el reto hoy es contagiar la alegría de haberse encontrado con con Cristo resucitado, que es al final lo fundamental de nuestra fe. Es lo más necesario que tenemos que hacer. Y es ahí, en ese pequeño contacto del tú a tú, donde Dios realmente se hace presente y donde uno lo puede transmitir y llevar a los demás. Creo que ese es el reto fundamental hoy, que parece que se ha roto la transmisión de la fe. Tenemos que dar motivos para que la gente vea que esto de la fe no es algo que anule nada del hombre, sino que todo lo contrario: precisamente, la fe potencia todo lo bueno que tenemos y todo lo bueno que somos.
¿Qué mensaje enviarías a aquellos jóvenes que se plantean la vocación sacerdotal, pero tienen dudas o miedos?
Les diría que confíen, porque es muy fácil responder con preguntas hechas o con respuestas que siempre nos fabricamos. “No tengas miedo”…. Ya, pero lo tengo. Yo creo que la cuestión está en confiar. Es, de alguna manera, -con una imagen-, lanzarse a los brazos de Dios, sabiendo que Él siempre nos recoge.
Y no hay que tener miedo tampoco a equivocarse. Al final, sea mi camino o no, la vocación consiste en ver qué es lo que Dios te está pidiendo, qué es lo que quiere de ti. Y hay que arriesgarse sin miedo, confiando, sabiendo que de los brazos de Dios nunca nos caemos.