Con el Papa Francisco en la “visita ad limina”

Desde el día 21 de febrero al 4 de marzo tuve ocasión de estar en Roma con los demás Obispos de España para realizar la llamada “Visita ad limina Apostolorum” y tener un encuentro personal con el Papa Francisco. Esta visita de los Obispos tiene la finalidad de honrar los sepulcros de los apóstoles Pedro y Pablo y de encontrarse personalmente con el Papa, Obispo de Roma y sucesor de Pedro, para manifestar la comunión con él.

 

La peregrinación de los Obispos a la tumba de los apóstoles, en las basílicas de San Pedro, en el Vaticano, y de San Pablo Extramuros, tiene como fin expresar nuestra comunión en la fe apostólica, mediante la recitación del Credo en la concelebración de la Eucaristía. Cada Obispo vive estas celebraciones con una gran intensidad espiritual, con el sentimiento de estar siendo vínculo de comunión de su Iglesia diocesana con la fe apostólica de la Iglesia universal. En comunión con el Papa, confiesa en representación de todos los fieles de su diócesis la fe de los apóstoles Pedro y Pablo.

 

El encuentro personal del Obispo con el Papa expresa la responsabilidad que cada Obispo, como Sucesor de los Apóstoles, tiene en la misión universal de la Iglesia en comunión con el Sucesor de Pedro. Además, este encuentro del Obispo con el Papa expresa y fortalece los vínculos de comunión de la diócesis con la Iglesia universal en la fe, en los sacramentos, en la disciplina común y en la caridad de todos los miembros del Pueblo de Dios. Así se hace realidad la comunión de todas las iglesias diocesanas con la Iglesia de Roma, que preside en la caridad. La Iglesia universal es una comunión de las iglesias particulares con el sucesor de Pedro y bajo el sucesor de Pedro. Y el encuentro de los Obispos con el Papa en la “visita ad limina” expresa la comunicación de los dones que el Espíritu Santo derrama en la Iglesia, tanto en el ámbito local como en el universal. Esta comunicación de dones puede ser comparada con el flujo de la sangre, que parte del corazón hacia las extremidades del cuerpo y de ellas vuelve al corazón; o con la vida que viene de Cristo y une todas las iglesias, como la savia de la vid llega a los sarmientos (cf. Jn 15,5).

 

Como consecuencia de lo anterior, la “visita ad límina” incluye también un tercer elemento, que es el encuentro con los colaboradores del Papa en el gobierno de la Iglesia, en los distintos Servicios de la Curia romana. En estos encuentros tiene lugar un mutuo enriquecimiento y ayuda. Los Obispos les informamos y consultamos directamente sobre los problemas pastorales concretos de las iglesias diocesanas; y ellos nos ofrecen su visión general de la misión de la Iglesia y las correspondientes orientaciones. Todo ello en un clima de afecto y confianza fraternales, de libertad de espíritu y corresponsabilidad.

 

Este significado de la “visita ad limina” ha tenido en esta ocasión una forma de realizarse caracterizada por el estilo propio del Papa Francisco. Los encuentros del Papa con los Obispos se han tenido por grupos, como ya lo venía haciendo Benedicto XVI. El Papa ha tenido largos diálogos de hora y media, y más en algún caso, con los Obispos de cada dos provincias eclesiásticas; entre 10 y 12 obispos en cada grupo. Sentados en corro en torno a él, en la sala habitual de las audiencias privadas, en un clima de gran cordialidad, sencillez, confianza y libertad. El Papa se ha situado a nuestro nivel y ha dialogado con nosotros con confianza fraternal, haciéndonos partícipes de sus preocupaciones y forma de entender todos los aspectos de la misión de la Iglesia que nosotros mismos hemos planteado como temas de diálogo. Así hemos tenido la grata experiencia de estar con él como en una conversación entre amigos. Y en este clima, sus confidencias y orientaciones pastorales nos han esponjado el ánimo y nos han llenado de paz y alegría el corazón. No nos ha examinado ni corregido los deberes. Simplemente ha compartido con nosotros el ánimo y el aliento espiritual y apostólico que él recibe del Espíritu de Jesucristo, que le ilumina y fortalece en su misión.

 

Como consecuencia de esta forma de diálogo, los temas tratados con cada grupo de Obispos han sido diversos. Con los Obispos de las provincias eclesiásticas de Valladolid y Aragón el Papa comenzó con un saludo de bienvenida y gratitud por la visita. Después hizo referencia a su lectura de un libro reciente del Arzobispo de Valladolid y le preguntó de donde saca el tiempo para escribir. Varios Obispos le agradecieron su ejercicio del ministerio papal, que llega a la gente con sus gestos y su lenguaje y enseñanza.

 

A nuestra pregunta por sus preocupaciones en relación con España se refirió en general a los riesgos de desequilibrio social y político, a los debates sobre las leyes del aborto y la enseñanza y manifestó su preocupación por el desempleo de los jóvenes y por las vocaciones. En este contexto, y a pregunta nuestra, nos dijo que los Obispos tenemos que estar en la mayor cercanía al pueblo y con misericordia. Igualmente, nos dijo que los sacerdotes tienen que acercarse de corazón a la gente, para que los sienta padres y hermanos. Los sacerdotes han de ser testigos de la “ternura” de Dios, y de la Iglesia madre, imitando los gestos de ternura de Jesús, siendo bondadosos y pacientes.

 

Otros temas de conversación fueron los monasterios de vida contemplativa, la preparación de los Sínodos sobre la familia y la situación actual de los matrimonios. En respuesta a preguntas sobre las “periferias”, explicó que se trata de salir a las verdaderas problemáticas humanas: el pensamiento, la cultura, las universidades, la cultura del descarte que desdibuja el plan de Dios sobre la creación y la persona humana; e igualmente las periferias descritas en capítulo 25 del evangelio de Mateo: hambre, enfermedad, cárcel, soledad humana. Cáritas tiene que dar algo más que beneficencia. También es importante la periferia de la fe.

 

Siempre por iniciativa de los Obispos, la conversación se centró además en los recientes problemas en el ámbito de la emigración, en el futuro de las Jornadas de la Juventud, en el verdadero diálogo en la Iglesia, para sea un lugar de encuentro y no de hegemonía y enfrentamiento. El Papa aclaró también su pensar sobre la Iglesia pobre y para los pobres, sin idealizar a los pobres fuera del Evangelio. El proyecto de Iglesia pobre de Francisco de Asís triunfó porque no fue un pauperismo sociológico sino la síntesis de su santidad personal y de su sentido eclesial. El Papa se refirió también al sentido de los planes pastorales y a la necesidad de salir en busca de las ovejas, sin quedarnos “peinando” las pocas ovejas que nos han quedado en el redil, pues una Iglesia encerrada en sí misma se vuelve enferma. Por fin, respondió a nuestra pregunta sobre el papel de los laicos y la vinculación de los movimientos a las parroquias.

 

Por otra parte, es sabido que el Papa Francisco recibió el día 3 de marzo a todos los Obispos de España en audiencia común y nos saludó a cada uno personalmente, nos regaló una cruz pectoral del Año de la Fe y nos entregó un discurso escrito en el que nos exhortó al anuncio valiente y veraz del evangelio, sin ahorrar esfuerzos para abrir nuevos caminos al evangelio, tras las huellas de Cristo, que vino a servir y supo respetar con humildad los tiempos de Dios y, con paciencia, el proceso de maduración de cada persona. Él nos enseña a escuchar a todos de corazón a corazón, con ternura y misericordia. El momento actual exige poner a nuestras iglesias en un verdadero estado de misión permanente, para llamar a quienes se han alejado y fortalecer la fe, especialmente en los niños. Para ello, nos llama a prestar particular atención al proceso de la iniciación a la vida cristiana y a despertar y a avivar una fe sincera, que prepara al matrimonio y hace posible el acompañamiento de las familias, de las cuales nacerán las vocaciones. La pastoral vocacional ha de ser un aspecto absolutamente prioritario en la misión del Obispo. Por último, subrayó la significación del amor y servicio a los pobres y manifestó su alegría por la acción de Cáritas. Y concluyó pidiéndonos por favor que llevemos un cordial saludo del Papa a los queridos hijos de España, a los que suplica que recen por él y les imparte su bendición.

 

+Carlos, Obispo de Salamanca.

 


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