Preguntas. Mil inmigrantes muertos en una semana

How many roads must a man walk down… Cada vez que suena esta vieja pregunta de Bob Dylan en la Plaza Mayor de la mano de Manos Unidas, se me pone un nudo en la garganta al preguntarme lo mismo desde hace años y años. Y me lo preguntaba esta misma semana ante el recuerdo de las más de 200 chicas secuestradas hace un año en Nigeria por el grupo terrorista Boko Haram y ante los cientos de ahogados en el mar buscando la vida en las costas italianas. Y son dos ejemplos.

Cada día, desgraciadamente, hay razones para cantar con Bob una y otra vez, entre la indignación y la congoja. ¿Cuántos caminos habrá que recorrer todavía hasta llegar a un mundo abierto y justo? ¿Cuántos mares habrá que cruzar para que no haya pateras ni razones para subirse a ellas? ¿Seguirá estando la respuesta en el viento? Sería ya la hora de detener el viento y bajar la respuesta a ras de mundo y de humanidad…

Hace unos días nos dejaba Eduardo Galeano, pero con nosotros seguirá su honestidad y su palabra. Habrán salido a su encuentro, quiero imaginarlo, todos los nadies que le han precedido, todos aquellos nadies que se preguntaron, aun sin música de Bob Dylan, cómo era posible que no valieran más que bala que los mata… ¿Cómo es posible que un nadie valga menos de 80 céntimos de dólar que es lo que cuesta una bala Winchester súper? Y todo sigue rodando como si no pasara nada. Los semáforos siguen con lo suyo, los políticos hacen sus discursos, los periodistas andan con artículos como éste, los curas recitan sus oraciones, los buenos parecen que lo siguen siendo, los poderosos siguen mirando para otro lado, etc., etc... y no pasa nada. ¿Qué tiene que pasar en el mundo para que por fin nos parezca que pase algo?

Honor y gloria, con la música de Bob al fondo sonando en el viento, a cuantos no fueron nada ni nadie, a todos los muertos malamente de bala barata, a los miles y miles de ahogados miserablemente en aguas de estrechos y golfos, a los cientos de miles que los despidieron con expectación y esperaron con ansia sus euros y sus noticias. Honor y gloria a todos ellos. El buen Dios se habrá encargado de organizarles personalmente la llegada a la alta costa del mar de los mares. Quedó prometido y no es para menos. Ah, sin olvidar que sospecho que ese buen Dios tiene hoy muchas manos que acompañan, abrazan, defienden, crean justicia y hacen panes y paces cada día…

Mientras tanto, a la vez, seguimos aquí, mano sobre mano, haciéndonos preguntas pero sin hacer apenas casi nada. Casi nada de nada. O sea, nada.

 

Fructuoso Mangas, Consiliario de Manos Unidas Salamanca.

 

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