La disolución de la imagen del hombre

Continuamos la presentación del documento de la Conferencia Episcopal Española titulado “La verdad del amor humano”. Y hacemos hoy referencia al apartado dedicado a la disolución de la visión cristiana del hombre como “imagen de Dios” por obra de dos concepciones extremas: el espiritualismo y la ideología de género. Ambas interpretan de forma errónea el significado del cuerpo humano.

 

El espiritualismo considera la sexualidad como un elemento contrario a la trascendencia y la gratuidad de las formas más elevadas de amor, sobre todo del amor divino. A diferencia de la enseñanza de Benedicto XVI en la encíclica “Dios es amor”, se contrapone el eros y ágape y se piensa que el ágape, fruto de la gracia, fundado en la fe y caracterizado por la oblación, no tendría nada que ver con el eros, relacionado con el cuerpo, proveniente del deseo de posesión y orientado a la autoafirmación. En el extremo materialista se desvincula la sexualidad de la naturaleza del cuerpo humano. Y en ambos casos se descubre una visión dualista del hombre. En el caso del espiritualismo porque la corporeidad se ve como un obstáculo para el amor espiritual. En las teorías de "género" porque el cuerpo queda reducido a materia manipulable para obtener cualquier forma de placer. De esta forma se oscurece también la imagen del matrimonio y de la familia.

 

La "ideología de género"

 

Los antecedentes de esta ideología se encuentran en el feminismo radical, en los primeros defensores de la sexualidad sin relación con la persona y en la interpretación sociológica de la sexualidad, llevada a cabo en los años cincuenta del siglo pasado. A partir de los años sesenta, la ideología de género se fue extendiendo, alentada por la interpretación de la relación entre hombre y mujer en forma de lucha de clases. A ello se sumó la influencia de filosofías inspiradas en el liberalismo radical, el constructivismo y la interpretación marxista de Freud. El resultado fue el proceso de "deconstrucción" de la persona, el matrimonio y la familia, que se ha visto reflejado en los siguientes pasos: Primero, la práctica de la sexualidad sin la apertura al don de los hijos: la anticoncepción y el aborto. Después, la práctica de la sexualidad sin matrimonio: el llamado "amor libre". Luego, la práctica de la sexualidad sin amor. Más tarde la "producción" de hijos sin relación sexual: la llamada reproducción asistida. Por último, se separó la "sexualidad" de la persona: ya no habría varón y mujer; el dato anatómico del sexo carecería de relevancia. Cada cual podría elegir configurarse sexualmente como desee. Así se ha llegado a configurar una ideología que busca liberar a las personas de concepciones sobre el sexo, consideradas opresivas y de otros tiempos.

 

Descripción de la ideología de género

 

La "ideología de género" se presenta como teoría científica del "sexo" y de la persona. Su idea fundamental es que el "sexo" sería un mero dato biológico: no configuraría en modo alguno la realidad de la persona. El "sexo", la "diferencia sexual" carecería de significación en la realización de la vocación de la persona al amor. Lo decisivo, más allá del "sexo" biológico, serían "géneros" o roles que, en relación con su conducta sexual, dependerían de la libre elección del individuo en un contexto cultural determinado y dependiente de una determinada educación.

 

El "género" es, según esta ideología, un término cultural para indicar las diferencias socioculturales entre el varón y la mujer. Se dice, por eso, que es necesario distinguir entre el “sexo”, que es "dado" por la naturaleza biológica, y el “género”, que se debe a las construcciones culturales "hechas" según los roles o tareas que cada sociedad asigna a los sexos. Más aún, sostienen que hay una absoluta separación entre sexo y género y que el ser humano nace “sexualmente neutro”, porque el género no tendría ninguna base biológica: sería una mera construcción cultural. Desde esta perspectiva la identidad sexual y los roles que las personas de uno y otro sexo desempeñan en la sociedad son productos culturales, sin base alguna en la naturaleza. Cada uno puede optar en cada una de las situaciones de su vida por el género que desee, independientemente de su corporeidad. En consecuencia, "hombre" y "masculino" podrían designar tanto un cuerpo masculino como femenino; y "mujer" y "femenino" podrían señalar tanto un cuerpo femenino como masculino. Entre otros "géneros" se distinguen: el masculino, el femenino, el homosexual masculino, el homosexual femenino, el bisexual, el transexual, etc. La sociedad atribuiría el rol de varón o de mujer mediante el proceso de socialización y educación de la familia. Lo decisivo en la construcción de la personalidad sería que cada individuo pudiese elegir sobre su orientación sexual a partir de sus preferencias. Y a cualquier "género sexual" habría que reconocerle los mismos derechos.

 

Difusión de la ideología de género

 

La difusión de esta manera de pensar se ha servido de la deformación del lenguaje relativo a realidades sociales básicas como el matrimonio, denominado con el término "pareja", o a la "familia", incluyendo en ella distintos "modos de convivencia" más o menos estables. Lo mismo se ha hecho al establecer el uso legal del vocablo "progenitores" en lugar de los de "padre" y "madre"; o con la utilización de la expresión "violencia de género" y no la de "violencia doméstica" o "violencia en el entorno familiar", expresiones más exactas, ya que de esa violencia también son víctimas los hijos.

 

La ideología de género se ha introducido en los acuerdos internacionales sobre la población y la mujer, y ha dado lugar a recomendaciones por parte de los más altos organismos internacionales y de ámbito europeo, que han inspirado algunas legislaciones y políticas de los Estados. Además, se ha buscado impregnar de esa ideología el ámbito educativo, para hacer normal la futura aceptación social de sus postulados, sin tener en cuenta el derecho fundamental de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones. Con esa finalidad se ha promovido en el sistema educativo español una educación sexual absolutamente permisiva que valora solo como mal moral la violencia sexual de uno contra otro. A estos propósitos se han orientado la asignatura de la “Educación para la ciudadanía” y la todavía vigente “Ley de salud reproductiva e interrupción voluntaria del embarazo”, que incluye una parte programática de educación en la ideología de género.

 

Esta ideología se desenvuelve con facilidad en el marco de fondo de una cultura "pansexualista" y de muy débiles referentes morales, que considera bueno "usar el sexo" como un objeto más de consumo. Las nocivas consecuencias del vacío moral son fácilmente perceptibles en una cultura que apenas genera vida y desvirtúa las realidades más básicas de la sociedad, como son el matrimonio y la familia.

 

+Carlos López Hernández,

Obispo de Salamanca.

 

Esta página ha sido actualizada el  27/01/2014

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