Artículo de Juan José Calles, Delegado de Familia y Vida: “En la familia y el matrimonio hay lobbys políticos muy interesados en ‘colonizar’ la naturaleza del ser humano”

Con motivo de la celebración del Sínodo extraordinario de Obispos sobre la Familia que se ha celebrado en Roma durante los días 4 al 25 de octubre bajo el lema «Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización», hemos querido entrevistar al Delegado diocesano de Familia y Vida, Juan José Calles Garzón, para que nos haga partícipes de algunas cuestiones que preocupan hoy en el ámbito de la pastoral familiar y que han sido tratadas ampliamente a lo largo de estos días por los padres sinodales.

 

¿Por qué no se casan los jóvenes hoy en día?

El fenómeno al que estamos asistiendo en estas últimas décadas, muy especialmente en el ámbito centroeuropeo y en los países anglófonos, es en sí mismo ‘novedoso’ en tanto que rompe con la forma de acceder al matrimonio en las naciones configuradas cultural y religiosamente por el cristianismo a lo largo de prácticamente veinte siglos.

Las razones por las cuales los jóvenes hoy deciden formalizar su relación sentimental al margen de lo institucionalmente ofertado y de lo eclesialmente permitido obedece a diversos posicionamientos que expresan ‘gestual y vitalmente’ los planteamientos de fondo en relación con el papel que juega Dios, la concepción de la persona y el amor, la sexualidad y los hijos, el trabajo y las relaciones interpersonales y la familia en la existencia humana.

 

¿Por qué no se casan por la Iglesia?

Pues evidentemente porque una gran mayoría de jóvenes, hoy, ya no tienen fe, se han alejado de la vida sacramental y por tanto no se plantean que la fe y la Iglesia puedan ser importantes en la configuración de su vida en común como pareja. A pesar de esta constatación, es evidente que, todavía hoy, no pocas parejas de novios acceden al sacramento del matrimonio canónico sin la debida preparación teológico-catequética y sin una experiencia de fe personalizada y una vivencia eclesial real.

 

¿Por qué son cada vez más las parejas que se unen como parejas de hecho sin ningún tipo de formalización civil o canónica?

Este ‘fenómeno’, que es relativamente nuevo, es un ‘síntoma’ de una sociedad que ha perdido la esperanza. Los jóvenes de hoy son hijos de una cultura sin Dios, sin verdad y sin familia. Una de las carencias más grandes de la cultura actual es la soledad, fruto de la ausencia de Dios en la vida de las personas y de la fragilidad de las relaciones. Además, son víctimas también de una situación socio-económica que imposibilita en muchos casos el plantear la sostenibilidad de un proyecto de vida en común. Esto se debe a la creciente pobreza y precariedad laboral, vivida tantas veces como una verdadera pesadilla, o debido a los impuestos demasiado pesados que no estimula a los jóvenes al matrimonio.

 

¿Es la economía global la que modela las costumbres sociales y está socavando las instituciones tradicionales?

Sí, en gran medida. No podemos ser ingenuos, hay lobbys políticos y sociales muy interesados en imponer, con palabras de Francisco, en ‘colonizar’ la naturaleza del ser humano con la ‘ideología de género’ que presenta un proyecto de ‘revolución antropológica’, una especie de ‘dogma pseudocientífico’ según el cual el ser humano nace sexualmente neutro. La pretensión última de esta ideología es la de ir a una sociedad sin sexos y sin géneros, en la que el ideal del ‘nuevo’ ser humano estaría representado por una hibridación que rompiera la estructura dual del hombre -mujer-, masculino-femenino. Una sociedad, por tanto, sin reproducción sexual, sin paternidad y sin maternidad. Así pues, si los planteamientos de esta ideología son aceptados y asimilados por una mayoría social, dentro de pocas décadas podremos acuñar el slogan nietzschano modificado, diciendo: ‘La familia ha muerto’.

 

Sin embargo, la Familia continúa siendo una institución muy valorada por los españoles, según datos del CIS...

En efecto, la Familia es, y esperemos que siga siendo, la institución más valorada por todos porque gracias a Dios nuestra sociedad está vertebrada por una red inmensa de familias a modo de pequeñas ‘células’ que sostienen y vitalizan el entramado de la sociedad. Baste hacer referencia a la crisis socio-económica y laboral que padecemos para descubrir el alcance y la importancia de la familia; ella ha sido el gran ‘salvavidas social’ en estos años. ¡Cuántos han podido subsistir ante la crisis gracias al apoyo moral, afectivo y económico de la familia! Este hecho nos tiene que llevar a valorar la vida y la familia como bienes sociales fundamentales.

 

Visto lo visto, ¿hay que reformar la Pastoral prematrimonial?

Sí. Esperemos que las orientaciones pastorales del Sínodo de la Familia arrojen luz y la Iglesia apueste decididamente por una pastoral evangelizadora que ponga en el centro de la misión pastoral a los adultos y a la familia. Nuestras familias cristianas, en general padecen una auténtica ‘pandemia’ que podemos diagnosticar como de ‘anemia espiritual’. Necesitamos fortalecer la fe de nuestras familias, de los padres y las madres, de los hijos y de los abuelos, a todos hay que acompañar, viviendo juntos (pastores, fieles laicos y religiosos) la novedad de ser la familia de los hijos de Dios.

 

¿Podemos decir que hemos fracasado en este campo?

Hemos de reconocer con humildad que nuestros procesos de iniciación sacramental (al bautismo, la comunión, la confirmación y el matrimonio) no los estamos planteando bien. Los frutos de vida cristiana que se cosechan nos están indicando que no podemos seguir así: ¡los sacramentos son para fortalecer la fe, crecer en la comunidad eclesial y servir a la sociedad! y, sin embargo, venimos asistiendo desde hace más de cuatro décadas a la deserción post-sacramental y a una apostasía silenciosa de una gran mayoría de bautizados en nuestras comunidades cristianas. Hemos de reconocer con realismo pastoral que hemos salido ¡ya! de la cristiandad y nos enfrentamos no a una época de cambios sino a un cambio de época en la que el cristianismo tiene que confrontarse, de nuevo, con una mentalidad ‘neo-pagana’. No podemos seguir mirando con ‘nostalgia’ a la cristiandad, nuestra sociedad se ha secularizado y entramos en un tiempo nuevo en el que la fe se ha de vivir de forma personalizada y en ámbito familiar en la calle y en las plazas, en el trabajo y en la universidad, en los escenarios en los que nos movemos y vivimos, pero hemos de hacerlo como cristianos, con espíritu familiar. La misión de la familia cristiana no será otra más que la de custodiar, revelar y comunicar el Evangelio del amor humano, el matrimonio y la familia en la sociedad en la que vive inmersa.

 

¿Qué papel le otorgas a la Familia en el campo de la evangelización?

La evangelización de la sociedad actual se hará a través de la familia cristiana o no se hará. Las familias cristianas están llamadas a ser las verdaderas protagonistas de la evangelización en este tercer milenio, por eso hay que repetir: ¡familia cristiana, sé lo que eres! ¡Evangelio vivo, compartido y transmitido! ¡Ha llegado la hora de la familia! Es interesante resaltar que el Catecismo de la Iglesia Católica, al hablar de la familia como iglesia doméstica, denomina a las familias cristianas con estas bellísimas expresiones: ‘islotes de vida cristiana en un mundo no creyente’ (nº 1655) y ‘faros de una fe viva e irradiadora’ (nº 1656). Como nos ha recordado el Papa Francisco la Iglesia está llamada a ‘vivir su misión en la fidelidad, la verdad y la caridad y su misión no cambia según las modas pasajeras o las opiniones dominantes’.

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Esta página ha sido actualizada el  18/04/2017

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