“¡Sé de quién me he fiado! (2 Tim 1, 12). Día del Seminario

Estas palabras de la segunda carta de san Pablo a Timoteo han sido elegidas como lema para el día del Seminario en este Año de la fe. La relación de este lema con la fe aparece con más claridad si lo expresamos en estas otras formas: “Yo sé bien en quién tengo puesta mi fe”; “Sé en quien he puesto mi confianza”. Es una confesión que describe un aspecto esencial de la misma vocación cristiana y que Pablo se aplica a sí mismo en cuanto apóstol, que no se avergüenza del Evangelio y es capaz de asumir todos los padecimientos que su misión lleva consigo. Sus palabras tienen su fuente “en la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús… con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros” (2 Tim 1, 13-14).

 

En este lema referido a la fe podemos ver sugerida la necesidad de tomar conciencia de que la superación de la actual sequía vocacional, que padecemos de forma tan grave en nuestra Diócesis, tiene que surgir de la revitalización de la experiencia y de la vida de la fe. Por ello, el Día del Seminario tiene que ser en primer lugar una llamada a la fe y a la esperanza.

 

Jesús llamó a los Doce “para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar” (Mc 3, 14-15). A lo largo de la historia sigue llamando a hombres concretos para que participen de su misión. Él es el Señor de la mies y el Señor de las vocaciones. En la vida diaria de nuestra comunidad diocesana será preciso reavivar la conciencia agradecida del gran don del sacerdocio y renovar la experiencia de la gracia de la llamada del Señor a la fe y a la vida y misión de su Iglesia, en sus diversas formas de realización, fascinados por su palabra, por sus gestos, por su persona. Nuestra aspiración será colaborar con Jesús en la difusión del Reino de Dios, llevar al mundo el mensaje del Evangelio, administrar los misterios de la salvación como humildes servidores que buscan el bien del Pueblo de Dios.

 

Nos hallamos en un tiempo apasionante para valorar y vivir el sacerdocio y para trabajar en la promoción de las vocaciones sacerdotales. Para ello es necesario que la comunidad cristiana y los presbíteros mantengamos clara y manifiesta la identidad sacerdotal, y que los fieles nos ayuden a los sacerdotes con su aliento y oración a ofrecer el testimonio de que somos hombres de Dios, amigos del Señor Jesús, que amamos a la Iglesia, que nos entregamos hasta dar la vida por la salvación de los hombres.

 

Los sacerdotes estamos llamados a vivir configurados con Cristo en el ejercicio del ministerio por amor, en la escucha y anuncio de la Palabra, en la oración por los fieles, en el ministerio de la reconciliación sacramental, en la Eucaristía y en la caridad pastoral con los hermanos, especialmente con los más pequeños, pobres y desfavorecidos. Fieles a la misión recibida, con una entrega total a Dios y a los hermanos, llenos de celo por la evangelización y testigos auténticos de la vida evangélica, ministros de comunión, servidores por amor de las personas concretas en las circunstancias propias de nuestro tiempo y lugar, convencidos de la belleza, dignidad y eficacia santificadora del ministerio sacerdotal; en fin, maestros de oración y testigos de esperanza que dan respuesta a los interrogantes del hombre de hoy, aspirando siempre a la santidad y ofreciendo un testimonio de alegría incesante.

 

De esta manera podremos ser testigos en una sociedad que en buena parte ha perdido el sentido de Dios y presenta dificultades a la escucha de su llamada, que parecen a veces insuperables. Pero más allá de las apariencias tenemos una certeza clara: la iniciativa es de Dios, que continúa llamando, y la Iglesia tiene capacidad de suscitar, acompañar y ayudar a discernir en la respuesta. Precisamente ahora, cuando la voz del Señor parece ahogada por otras voces; y cuando la propuesta de seguirlo, entregando la propia vida, puede parecer demasiado difícil, toda comunidad cristiana, todo fiel, debería asumir el compromiso de promover las vocaciones.

 

Es necesario cuidar en especial el ámbito familiar de los niños y los jóvenes, para que sea el primer lugar de su educación en la fe y de su disponibilidad a seguir la llamada de Dios. De hecho, también las familias cristianas experimentan en su interior las dificultades que la cultura de la increencia representa para el nacimiento de las vocaciones. La pérdida o debilidad del sentido religioso hace sentir la vocación sacerdotal como algo extraño y como estado social poco valorado; por tanto, como dedicación nada recomendable en familias con muy escaso número de hijos. Pero estas dificultades han de ser asumidas con realismo y esperanza, de tal modo que se conviertan en incentivo para el trabajo de pastoral vocacional y sirvan para purificar la motivación de los candidatos al ministerio.

 

La promoción de las vocaciones exige salir al encuentro de los niños y de los jóvenes, responder a sus expectativas, a sus problemas e inseguridades, dialogar con ellos proponiéndoles un ideal elevado que aporte luz, verdad y bondad a todos los aspectos de su vida. Nuestra tarea primera consistirá en sembrar, en anunciar el evangelio de la vocación, ofrecer una adecuada catequesis, iniciar en la oración personal y en la liturgia y educar en la maduración de la vida cristiana. Una siembra oportuna y confiada, abonada con la oración de toda la Iglesia. Después vendrá el acompañamiento lleno de paciencia y de respeto. Por último, ayudar a discernir, a descubrir la voluntad de Dios en la vida de la persona concreta, de tal manera que dé una respuesta positiva a la llamada de Dios.

 

Es la hora de la fe, la hora de la confianza en el Señor que nos envía mar adentro a seguir echando las redes en la tarea ineludible de la pastoral vocacional. Pidamos que los jóvenes estén abiertos al proyecto que Dios tiene para ellos y sean receptivos a su llamada. María, Madre de gracia, de amor y de misericordia, Madre de los sacerdotes, nos guiará en el camino. Ella será siempre consuelo, esperanza y causa de nuestra alegría. A su intercesión maternal nos acogemos.

 

+Carlos López Hernández,

Obispo de Salamanca.

 

Esta página ha sido actualizada el  27/01/2014

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