Homilía en el Domingo Tercero Ordinario C Bendición del Centro Parroquial de Carbajosa de la Sagrada 26 de enero de 2013

Los libros de Esdras y Nehemías narran el regreso de los israelitas del exilio de Babilonia en torno al año 538 antes de Cristo, tras la proclamación del edicto de Ciro, rey de Persia, que ordenó la reconstrucción del templo de Jerusalén y ordenó que se devolvieran los bienes del templo que habían sido llevados a Babilonia por el rey Nabucodonosor. Los israelitas quedaban en libertad para volver a su patria (2 Cron 36, 23; Esd 1, 2-3). El regreso de Babilonia llevaba consigo la restauración de Jerusalén y de sus murallas, la reforma del orden social y económico, la reconstrucción del templo y la reordenación del culto y de la vida religiosa del pueblo, en fidelidad a la alianza de Dios con su pueblo. En la primera etapa fueron el sacerdote Josué y Zorobabel, apoyados por los profetas Ageo y Zacarías, los encargados de organizar las tareas de reconstrucción del templo de Jerusalén, que concluyeron con su consagración en el año 515.

 

Una segunda etapa en los trabajos en el templo tuvo como protagonistas al sacerdote Esdras y al gobernador Nehemías, con la protección del rey Artajerjes (464-424 a. C.), a cuyo servicio personal había estado Nehemías. Este es el marco histórico en el que sitúa la escena narrada en la primera lectura de esta celebración. Se trata de una asamblea en el inicio de la fiesta de las Tiendas, que había de celebrarse durante siete días al acabar la recolección de la cosecha (Dt 16, 13-15). La asamblea festiva tiene como contenido central la lectura de la Palabra de Dios y la explicación de su sentido, de manera que todo el pueblo comprendiera la lectura. En un momento decisivo de la historia del pueblo elegido, cuando es necesario un nuevo comienzo de restauración de la vida social y religiosa, el pueblo vuelto del destierro vuelve su corazón a Dios y siente necesidad de escuchar su Palabra, para volver a encontrar en ella la razón de su existencia y de su vida como pueblo. Por ello, escuchan con atención desde el amanecer hasta el mediodía y expresan con su llanto el dolor ante la propia infidelidad y la emoción ante la misericordia eterna de Dios, que la lectura de su Ley les descubre. Al final, la bendición de Dios, que reciben del sacerdote Esdras y acogen con su: “Amén, amén”, da paso a la alegría y a la comida en común, propias de un día de fiesta consagrado al Señor. El texto termina con una exhortación de gran profundidad religiosa y de valor permanente: “No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza” (Neh 8,10). La vigencia actual de esta exhortación la vemos expresada en la conocida recomendación de san Pablo a los fieles de Filipos: “Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo…. Nada os preocupe; sino que en toda ocasión… vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios… custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filp 4, 4-7.

 

Esta Parroquia de Carbajosa de la Sagrada ha experimentado en los últimos decenios un proceso de enorme cambio social y ha pasado de ser una pequeña parroquia rural a una gran parroquia urbana, con las necesidades de instalaciones pastorales que la nueva situación lleva consigo. Para la proclamación de la Palabra a la asamblea reunida en la plaza, Esdras preparó un púlpito de madera. Para la atención pastoral más adecuada a esta comunidad numerosa y joven, con tantos niños y jóvenes, la Diócesis de Salamanca ha podido, no sin sacrificio, pero sí con gozosa esperanza, financiar la construcción de un nuevo Centro Parroquial, que estará al servicio del anuncio, el estudio, la meditación y la puesta en práctica de la Palabra del Señor en la vida de esta comunidad y de cada uno de sus miembros.

 

La catequesis de niños, jóvenes y adultos; los grupos de estudio de la Biblia y de “lectio divina”; de liturgia y de oración; de pastoral de la salud y de cáritas; los movimientos apostólicos, asociaciones y cofradías; el consejo pastoral y de asuntos económicos, y cualesquiera otros grupos que puedan existir, podrán tener en este Centro un lugar más adecuado para iniciar, madurar, renovar y llevar a mayor perfección su vida de fe y su capacidad de testimonio del Evangelio, siempre a la luz de la Palabra de Dios y acompañados por sus pastores y por la variedad de funciones, ministerios y servicios, que el Señor ha puesto en la Iglesia, su Cuerpo, para la edificación permanente de todos su miembros en Cristo, en conformidad con la enseñanza de san Pablo en la segunda lectura.

 

El nuevo Centro Parroquial que hoy bendecimos es un medio material adecuado para contribuir a hacer realidad esa misteriosa realidad de la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo, que tiene su fuente de realización diaria en la Palabra de Dios y en la Eucaristía. En efecto, el Cuerpo de Cristo está llamado a que sus múltiples miembros sean uno en Cristo; todos necesarios para los demás y para todo el cuerpo; no encerrados en los propios intereses, sino servidores cada uno de los demás por amor; preocupados unos de otros, de manera que “cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando uno es honrado, todos se felicitan”. Y este ideal sólo es posible con la luz y la fuerza transformadora de la Palabra de Dios, que ha de guiarnos, especialmente en este Año de la Fe, a poner en práctica las enseñanzas del Concilio Vaticano II y a hacer frente a los nuevos desafíos que la cultura actual plantea a los creyentes en Cristo. Necesitamos dar mayor valor y presencia a la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia, para nuestra constante renovación en el encuentro personal y comunitario con Cristo. El nuevo Centro, formando una unidad indivisible con la Iglesia parroquial y como extensión necesaria de ella, debe buscar siempre que la Palabra de Dios sea cada vez más el corazón de toda la actividad parroquial, de manera que la comunidad parroquial sea capaz de abrir a todas las personas que viven en Carbajosa el acceso a Dios; al Dios que habla y nos comunica su amor, para que tengamos vida abundante. No hay prioridad pastoral más importante que ésta.

 

La enseñanza de san Pablo sobre la necesidad que el Cuerpo de Cristo tiene de todos sus miembros es también una exhortación concreta a todos los fieles de la comunidad parroquial de Carbajosa de la Sagrada a poner a disposición de los hermanos todos los dones y gracias que de él han recibido. Cada uno debéis preguntaros a qué colaboración concreta os llama el Señor en esta etapa nueva que ahora comienza en vuestra Parroquia, con un nuevo equipo sacerdotal y un nuevo Centro parroquial. Y ya sabéis que la colaboración puede tener varias formas en los diversos servicios y grupos antes mencionados. Y, en todo, caso, con la oración, con el sencillo testimonio de la fe y del amor cristiano en la vida diaria, y con la colaboración económica necesaria para garantizar el mejor funcionamiento de los servicios parroquiales.

 

El Evangelio de hoy tiene dos partes, que es necesario distinguir. La primera es un prólogo, que Lucas escribe según el uso de los escritores de historia de aquel tiempo (vv. 1-4). La segunda está tomada del capítulo cuarto y narra los inicios de la actividad pública de Jesús en su aldea de Nazaret (4,14-21).

 

El prólogo comienza con la dedicación del escrito a un cierto excelentísimo Teófilo, del que sólo conocemos el nombre, pero que es un personaje real; a una persona que estuvo vinculada al autor y que quizá le ayudó en la tarea evangelizadora.

 

Lucas pretende componer un relato de los hechos que se han verificado en torno a Jesús de Nazaret. Su escrito constituye una narración, una cristología narrativa. El relato de Lucas sigue las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la Palabra. Esta breve referencia es de gran interés, pues revela cómo ha sido el origen de los Evangelios, en cuanto Palabra de Dios puesta por escrito. La predicación oral de Jesús fue continuada en la predicación también oral de los discípulos. Estas predicaciones de los testigos oculares dieron lugar a tradiciones orales que fueron siendo relatadas también por escrito por muchos autores. Y estos relatos escritos son los que comprueba Lucas antes de escribir su Evangelio, en particular la tradición oral o escrita procedente de la propia Virgen María, en todo lo relativo a la infancia de Jesús.

 

Así puede asegurar Lucas que cuánto ha escrito no son fantasías propias, sino que está avalado por la verdad de lo sucedido. Se basa en el testimonio fehaciente de los que conocieron a Jesús, convivieron con él y luego le dieron a conocer de viva voz, creando las primitivas comunidades. El evangelista ha procedido con rigor histórico informándose y comprobando todo lo que narra exactamente desde el principio. Con ello pretende que los lectores puedan conocer y entender mejor a Jesús y estén seguros de la solidez de las enseñanzas recibidas, para que se decidan a seguirle.

 

Lucas indica que Jesús volvió a Galilea, guiado por el Espíritu, y enseñó en la sinagoga de Nazaret (4,14-15). La sinagoga era el lugar natural donde Jesús se podía dirigir al pueblo judío en una comunidad. La sinagoga era el centro de la comunidad y el lugar de encuentro. En ella no se ofrecían sacrificios; esto sólo se hacía en el Templo de Jerusalén. Pero toda ciudad y toda aldea judías tenían al menos una sinagoga. Allí donde había diez hombres, había una sinagoga y el Dios de Israel estaba en medio de ellos. Es decir, la sinagoga no era tanto el edificio para la reunión cuanto la reunión misma de los judíos creyentes en un lugar.

 

Al regresar a su patria, Jesús tuvo una acogida favorable. Había enseñado en otras partes y su fama crecía cada vez más. Entró en la sinagoga de Nazaret al atardecer del viernes, según la costumbre judía, y sin duda también estaban presentes su familia y sus parientes. Como signo de honor, le pidieron que hiciera la lectura. Era un texto de Isaías en el que se narra la vocación de un profeta, diciendo que el Espíritu de Dios descendió sobre él, lo consagró y estableció en él su morada; con la fuerza que le fue dada por el Espíritu, este profeta y siervo del Señor ha sido enviado a llevar la buena noticia del reino de Dios a los pobres, a proclamar la liberación de todos los oprimidos, a proclamar el año de la gracia y la misericordia del Señor (cf. Is 61, 1-2).

 

Después de leer, se sentó como un rabino para hacer un breve comentario, que sintetizó en estas pocas palabras: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”. Es decir, el profeta presentado por Isaías es el propio Jesús. La palabra de Dios, de la que da testimonio el antiguo profeta y que es oída por cuantos se encuentran en la sinagoga, se realiza precisamente en él. Esto significa que aquel texto bíblico es asumido por Jesús como programa de su misión: eso es lo que él hará y dirá; en eso consiste la buena noticia del Evangelio, que se realiza por medio de él... Y así, la palabra de Dios revelada por Isaías y escrita en un libro de la Escritura, leída en la liturgia celebrada en Nazaret, resuena como palabra de Dios cumplida en Jesús. De igual manera, este acontecimiento narrado en el Evangelio de Lucas y leído hoy en nuestra asamblea cristiana, resuena como palabra de Dios que busca ser realizada por cada uno de los cristianos y por la Iglesia.

 

La buena noticia de la liberación y del don de la gracia de Dios y de la vida nueva que hoy de nuevo nos ofrece Jesús sobrepasa toda esperanza humana, pero no es una simple expresión de ideales imaginarios o de bienes espirituales que vendrán sólo de la muerte o de la segunda venida del Señor. Los discursos y milagros de Jesús harán visible que su salvación está ya desde ahora presente entre nosotros y ofrecida a todos. Por ello, el mensaje de Jesús, que hoy se cumple, es la incesante y renovada presencia del año de gracia del Señor, que es el verdadero tiempo jubilar y la realización definitiva de la voluntad salvadora de Dios, que nosotros, como los habitantes de Nazaret, podemos acoger con gratitud o rechazar. Abramos el corazón a “la gracia y la verdad” (Jn 1,17), para tener en Jesucristo vida eterna y alegría plena, “pues el gozo en el Señor es nuestra fortaleza”.

 

+ Carlos López Hernández,

Obispo de Salamanca.

 

HOMILÍAS DEL OBISPO

Esta página ha sido actualizada el  27/01/2014

Obispado de Salamanca, C/Rosario, 18, 37001, Salamanca, España, Tel: 923128900 Fax: 923128901
casadelaiglesia@diocesisdesalamanca.com
Información Legal
2008 Informática Millán