Sin zarza ardiendo no hay misión. Tomás Durán

El pasado 8 de octubre 2016, en el Santuario de la Peña de Francia, el Sr. Obispo clausuraba, firmaba y promulgaba las Orientaciones de la Asamblea diocesana, en forma de Directorio pastoral de la Diócesis de Salamanca. Se culminaba así dos años de trabajo, en las claves de oración, estudio, reflexión…; con la tarea de ofrecer propuestas y aportaciones a toda la Comunidad diocesana. Y se iniciaba, así, ese día, el expectante camino de la post-asamblea.

 

¿Qué nos plantean estas Orientaciones de la Asamblea?

 

En primer lugar, es bueno darnos cuenta del momento en el que vivimos. Estamos en 2016 y hoy los retos espirituales, pastorales y estructurales son distintos a los de las últimas décadas del siglo pasado. Empeñarnos en querer reproducir aquellos esquemas y soluciones no es bueno.

Hoy nos encontramos ante un hombre nuevo, representado en las generaciones de los jóvenes y de las familias jóvenes. Y, lo habitual, salvando excepciones, es que viven sin ninguna experiencia cristiana. No es sólo que no “sepan” de lo cristiano, es que no han “gustado” en su interior un encuentro vivo con la fe cristiana. Eso no quiere decir que no lo deseen y que su corazón no esté inquieto en una búsqueda espiritual. Nada de eso, nunca como en el desierto se busca tanto el agua viva y fresca. Quizá nos encontremos con una de las generaciones jóvenes más deseosa de espiritualidad y más sensibles ante el hombre y los problemas de la humanidad.

Nuestra Asamblea se sitúa en otro contexto espiritual y pastoral. Y hemos de hacerlo sin rupturas, sumando, en continuidad y en agradecimiento. Quiere situarse en el tiempo de la “iniciación” de la “mistagogía” de la fe. No vivimos en una “fe heredada” por el soporte de un catecumenado social de cristiandad que nos envuelve; no vivimos siquiera en una fe que solo necesita instrumentos formativos para “dar razón de ella”; no vivimos solo en un momento de “explicar la fe”… Vivimos en el tiempo de una “fe suplicada”, catecumenal. Estamos en el despertar, iniciar, suscitar, motivar, engendrar la fe en el corazón de las nuevas generaciones. Acercarlos al Misterio hondo de Dios, pues están creados para ello. La crisis es una crisis de Dios.

Por ello, hemos de superar una liturgia solo llena de palabra catequética y explicativa que tanto nos ayudó; una formación escolar de la fe que tanto bien hizo; de una vivencia de la fe que llevaba al compromiso deductivo con tanta garra y pasión. “Creer es comprometerse”, ¿recuerdan? No es solo el tiempo de la exposición y formación de una “fe enseñada”, o de una “fe explicada”, o pensar que del sólo “creer racional” se deduce el compromiso temporal. ¡Cuánto bien nos hizo todo esto! ¡Cuánto ayudó a muchas personas a una vida de fe generosa y entregada! Salíamos de una espiritualidad pietista, que llevó sin duda a Dios, pero que necesitaba ser complementada (Ved el último libro-entrevista con Benedicto XVI. Ediciones Mensajero 2016).

Creo que nuestra generación de curas jóvenes, familias jóvenes, y creyentes jóvenes, se encuentran más cómodos en este espacio pastoral y espiritual. La Asamblea es de todos, pero de una manera especial de estas nuevas generaciones. Démosle paso, dejémosle pasar. Es vuestra, acogedla, pues quiere responder a vuestras demandas de una pastoral que vuelve de manera decidida a las raíces y fuentes de la fe; y no, por ello, dando la espalda al hombre moderno y sus sufrimientos. Este “acercarse a los manantiales de la fe” no es una evasión, ni son simples “buenas intenciones”. Al contrario, no hay nada que te lleve más hacia el hombre que la experiencia honda de Dios. Moisés pudo escuchar los gritos del pueblo, porque antes estuvo delante del misterio escondido de Dios, descalzo, ante la zarza ardiendo y que no se consumía.

 

¿Qué experiencia pastoral y espiritual necesitamos para ello?

 

Volver a las huellas de Jesús, alentados por el Espíritu Santo. A un encuentro personal, pascual, con el Señor, sin el cual no se suscita la fe (Pórtico). Así, las Propuestas van dirigidas a ello. Desde la Eucaristía, fuente y centro de la vida cristiana, hemos de iniciar a la fe, acompañar a los iniciados, con la cercanía, la misericordia (Ved Propuestas espirituales) Y, todo esto, siendo una Iglesia que inicie, celebre, evangelice, salga y sirva al hombre y a la humanidad (Ved Propuestas pastorales). Creando, para ello, odres nuevos, en el corazón de las personas, de los sectores de evangelización, en los órganos de comunión y en las estructuras territoriales (Ved Propuestas de renovación estructural).

Iniciamos esta Etapa de aplicación de la Asamblea con mucha ilusión y esperanza. Es un tiempo de Gracia y estamos todos llamados a la renovación de nuestra Diócesis. El camino emprendido en la Peña de Francia, con María, es un camino de gozosa expectación. El 8 de octubre del 2016 queda grabado en la memoria diocesana como un camino para seguir enamorándonos de Jesús, soñando una Iglesia más misionera y con estructuras más evangélicas que dejen pasar el mensaje de la Buena Noticia para todos los hombres. ¡María, ven con nosotros al caminar!

 

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