MANOS UNIDAS, 2010 Contra el hambre, defiende la tierra

MANOS UNIDAS acaba de celebrar los cincuenta años de su nacimiento, por iniciativa de las mujeres de Acción Católica. Manos Unidas es hoy una asociación pública de fieles muy estrechamente vinculada a los Obispos diocesanos y a la Conferencia Episcopal. Por ello, con motivo de este aniversario la Conferencia Episcopal les dirigió en el pasado mes de octubre un Mensaje público de aliento y de gratitud y ha tenido con sus dirigentes y colaboradores un acto de celebración durante la última Asamblea Plenaria. Los Obispos les hemos augurado un futuro lleno de frutos apostólicos en bien de la Iglesia y de los más necesitados en cualquier parte del mundo.

Durante este largo tiempo Manos Unidas se ha guiado por el principio de que el amor cristiano no conoce fronteras, sino sólo a los necesitados; pero no ha olvidado que el amor verdadero siempre es evangelizador y abre las puertas de los corazones al misterio del amor de Dios. De esta forma, Manos Unidas se ha ganado la confianza y se ha acreditado como obra de la Iglesia; así ha ido canalizando en medida cada vez mayor la ayuda de los católicos españoles a la lucha contra el hambre en el mundo.

En la Campaña contra el Hambre de este año 2010 nos propone como lema: “Contra el hambre, defiende la Tierra”. Las dos frases de este lema coinciden con las formas de promover la paz propuestas por Benedicto XVI en los Mensajes para la Jornada Mundial de la Paz de los años 2009 y 2010: “Combatir la pobreza” y “proteger la creación”. Por ello, bien podemos sugerir como explicación del referido lema de Manos Unidas las reflexiones del Papa sobre el cuidado de la creación.

El Mensaje de Benedicto XVI ha puesto de relieve que el desarrollo humano integral está estrechamente relacionado con los deberes que se derivan de la relación del hombre con el entorno natural, considerado como un don de Dios para todos, cuyo uso comporta una responsabilidad común respecto a toda la humanidad, especialmente a los pobres y a las generaciones futuras.

Benedicto XVI considera que fenómenos como el cambio climático, la desertificación, el deterioro y la pérdida de productividad de amplias zonas agrícolas, la contaminación de los ríos y de las capas acuíferas, la pérdida de la biodiversidad, la deforestación de las áreas ecuatoriales y tropicales, los llamados “prófugos ambientales”, que deben abandonar el ambiente en que viven a causa de su deterioro, son manifestaciones de una “crisis ecológica” de carácter predominantemente ético, que tiene una repercusión profunda en el ejercicio de los derechos humanos como, por ejemplo, el derecho a la vida, a la alimentación, a la salud y al desarrollo. Por ello, el Papa considera sensato hacer una revisión profunda y con visión de futuro del modelo de desarrollo, reflexionando además sobre el sentido de la economía y su finalidad.

El ser humano ha roto la armonía entre el Creador, la humanidad y la creación; se ha dejado dominar por el egoísmo y ha perdido el recto sentido del mandato de Dios de llenar la tierra, cultivarla y guardarla, y dominarla como administrador de Dios. Ejerciendo sobre la tierra un dominio absoluto, el hombre se ha comportado como explotador arbitrario de ella, sin sentido de la responsabilidad, y ha provocado la rebelión de la naturaleza.

El hombre tiene el deber de ejercer un gobierno responsable sobre la creación, protegiéndola y cultivándola. Y el Concilio Vaticano II ha recordado que “Dios ha destinado la tierra y todo cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos” (GS 29). Pero la negligencia o el rechazo a ejercer este gobierno responsable hace que numerosas personas sufran crecientes carencias en muchos países y regiones. El ritmo actual de explotación pone en serio peligro la disponibilidad de algunos recursos naturales, no sólo para la presente generación, sino sobre todo para las futuras.

El uso de los recursos naturales debería hacerse de modo que las ventajas inmediatas no tengan consecuencias negativas para el futuro; que la tutela de la propiedad privada no entorpezca el destino universal de los bienes; que la intervención del hombre no comprometa la fecundidad de la tierra, para ahora y para el mañana. Además se ha de reiterar la urgente necesidad moral de una renovada solidaridad en las relaciones entre países en vías de desarrollo y aquellos altamente industrializados. Por ello, el Papa desearía que se adoptara un modelo de desarrollo basado en el papel central del ser humano, en la promoción y participación en el bien común, en la responsabilidad, en la toma de conciencia de la necesidad de cambiar el estilo de vida y en la prudencia, que indica lo que se ha de hacer hoy, en previsión de lo que se puede necesitar mañana.

Los deberes respecto al medio ambiente se derivan de los deberes para con la persona. Por ello, el Papa alienta la educación en la responsabilidad ecológica que salvaguarde una auténtica ecología humana y, por tanto, afirme con renovada convicción la inviolabilidad de la vida humana, la dignidad de la persona y la insustituible misión de la familia. Es preciso salvaguardar el patrimonio humano de la sociedad, que tiene su origen y está inscrito en la ley moral natural.

La responsabilidad en la promoción del equilibrio ecológico medioambiental y humano no decae, sino que debe sentirse reforzada, cuando es la propia naturaleza la que provoca catástrofes tan graves como el terremoto de Haití. El hombre no es dueño de la vida y no tiene poder de devolverla a quien la ha perdido. Pero la inteligencia y el amor le hacen capaz de restaurar los daños de diversa gravedad que la propia naturaleza le causa, a diario o de forma esporádica. El hombre demuestra su señorío y recto dominio sobre la creación cuando el amor fraterno desencadena una corriente de solidaridad más fuerte que los efectos destructores de fuerzas físicas sin control humano. Manos Unidas está siendo un cauce eficaz para la corriente de solidaridad en beneficio de las víctimas de Haití.

A los católicos de Salamanca os exhorto a orar por los fallecidos en Haití y a seguir mostrando vuestro amor cristiano a los damnificados mediante la colaborando económica con Manos Unidas y con las restantes instituciones de caridad de la Iglesia.

 

Esta página ha sido actualizada el  11/10/2010

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