Adviento o esperanza colmada. Reflexión de Alejandro Fernández Barrajón, OM

Hoy, la ciudad de Salamanca ha amanecido con neblina. Costaba distinguir de lejos los más nobles edificios de la ciudad. Un frío húmedo y desapacible nos envolvía por todos lados y nos obligaba a abrigarnos bien para que el frío no penetrara en nuestro interior. “Mañanita de niebla, tarde de paseo”. Así ha sido; un sol radiante ha aparecido esta tarde y ha llenado de luz y de color nuestra ciudad.

Hoy Salamanca se está adornando de luces para Navidad. Ahora que sólo es Adviento y aún nos quedan unas etapas preciosas que vivir en vela y preparación para la Navidad. Somos impacientes y superficiales. No respetamos los tiempos de la Iglesia.

Hoy en algunos centros comerciales anuncian que ya es Navidad. Y no entiendo por qué si la celebración del nacimiento del Hijo de Dios es el día 25 de diciembre. Nos quieren empujar al consumismo prematuro y quieren secuestrar nuestra Navidad. ¡Pues no! Hace unos días el “viernes negro”, hoy que ya es Navidad y mañana otra disculpa para que consumamos sin freno.

Ahora es Adviento y vamos a vivir el Adviento en su plenitud.

Jesús es el que rompe las neblinas de nuestra vida y se abre paso como un sol radiante; y eso merece celebrarse. Cuando hablamos del Adviento siempre lo hacemos mirando hacia el futuro y no descubrimos que el Adviento es un presente lleno de vida actual porque Dios se ha encarnado en él. Nuestra celebración de la Navidad no es futura; es presente. Jesús, el Emmanuel, Dios con nosotros, no nos espera en el futuro inmediato, está con nosotros ya, viviendo, celebrando compartiendo su vida y su muerte, hecho carne entre nosotros, discerniendo con nosotros en las reflexiones de la Asamblea Diocesana. Por eso, hemos de vivir el Adviento en clave de presente, de esperanza que ya se ha cumplido. Un Adviento que no puede ser como una neblina que nos obliga abrigarnos de nuestro entorno y a cerrar los ojos ante los que caminan con nosotros. Adviento es camino habitado y lleno de nombres en el que Jesús camina con nosotros hasta el encuentro definitivo y total.

En la obra ‘Esperando a Godot’, dos payasos, Wladimir y Estragof esperan a Godot con la confianza de que un día vendrá, pero Godot, no viene y se frustran sus esperanzas. Nuestro Dios, hecho carne en Jesús, ya ha venido y ha colmado nuestra esperanzas. No es un Dios de futuro sino de rabioso presente. Un Dios que nos ha regalado el calor necesario para no abrigarnos demasiado y alejarnos del entorno buscando lugares más cómodos, castillos de invierno, sino a ser modiente que nos empuja a la salida y al encuentro, a los lugares de intemperie donde está los descartados de la vida, como dice el Papa Francisco. Entonces será Navidad, cuando salgamos al encuentro de manera dinámica, sin cruzarnos de brazos, como los payasos Wladimir y Estragof. Una Iglesia que está en vanguardia permanente, en salida a nuevos escenarios, como dicen las orientaciones de la Asamblea Diocesana (Pág. 58). Navidad será, es ya, una realidad que nos hace contemplar y celebrar el gozo de ser hijos de Dios. Navidad no es mañana; es hoy.

 

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