La Tercera edición del Misal (V)

Por Emilio Vicente de Paz, Delegado diocesano de Liturgia

 

La importancia del canto y la música

El pasado 5 de marzo se cumplieron 50 años de la publicación de un documento oficial de la Iglesia que se ocupa de la música litúrgica, la instrucción “Musicam Sacram”, que está en sintonía con los demás documentos del Concilio Vaticano II. En su nº 5 dice que “la acción litúrgica adquiere una forma más noble cuando se realiza con canto: cada uno de los ministros desempeña su función propia y el pueblo participa en ella. De esta manera, la oración adopta una expresión más penetrante; el misterio de la sagrada liturgia y su carácter jerárquico y comunitario se manifiestan más claramente; mediante la unión de las voces, se llega a una más profunda unión de corazones; desde la belleza de lo sagrado, el espíritu se eleva más fácilmente a lo invisible; en fin, toda la celebración prefigura con más claridad la liturgia santa de la nueva Jerusalén”.

Por eso no es de extrañar que uno de los aspectos que más hayan mejorado en el misal sea la parte musical. Se han musicalizado partes de la liturgia que antes no lo estaban, como las invitaciones al acto penitencial (páginas 1132 y siguientes), las lecturas (p. 1137ss y en apéndice en los últimos leccionarios), la preparación de los dones (p. 1142) y algunas partes de las plegarias eucarísticas (p. 1268ss), del rito de la paz (p. 1284s) y del rito de la comunión (p. 1285). Se han dado facilidades al sacerdote para que cante las partes que le corresponden, ya que en cada lugar del Ordinario de la misa se indica la página donde se encuentra la musicalización correspondiente. El apéndice musical tiene casi 200 páginas.

La nueva edición incluye, además, tres discos con la grabación de todas las melodías, para facilitar su aprendizaje a los sacerdotes y a los demás ministros del canto, cantores, coros y organistas, una de cuyas funciones es sostener y estimular el canto del resto de la asamblea. No se trata de otro “disco de canciones”, sino que incluye las partes de la eucaristía que por su propia naturaleza han de ser cantadas, y que son principalmente saludos, oraciones, diálogos y aclamaciones. En todas ellas intervienen tanto el sacerdote como los fieles de manera alternativa, y facilitan mucho la unificación de la asamblea, cosa que se consigue solo parcialmente con las canciones cantadas simultáneamente por todos.

Ejemplo: el canto del prefacio

La plegaria eucarística es la oración más importante de todas las que hace la Iglesia. De hecho se puede decir que es la que constituye a la Iglesia, y por eso ha de ser pronunciada por el sacerdote, y escuchada e interiorizada por todos, con el máximo respeto y atención (cf. OGMR 78-79). Comienza con el llamado “prefacio”, que consta de un diálogo, una acción de gracias y una aclamación. El diálogo, “El Señor esté con vosotros… Levantemos el corazón… Demos gracias…” conviene mucho que sea cantado, porque esto le da a la plegaria, ya desde el principio, viveza, intensidad y calidad en cuanto oración comunitaria. A continuación está la acción de gracias propiamente dicha y, por la misma razón, también conviene cantarla. Por eso, para favorecer y facilitar el canto del prefacio, en la tercera edición del misal se ha indicado, para todos y cada uno de los prefacios, la página del apéndice donde se encuentra su musicalización. Con respecto al final, el “Santo, Santo, Santo…”, es la culminación de la alabanza y la acción de gracias, por lo que es evidente que debe ser cantado y que no debe sustituirse por otro canto, como puntualiza el número 366 de la OGMR, que es nuevo en esta edición: “Los cantos establecidos en el Ordinario de la Misa, por ejemplo, el Cordero de Dios, no pueden substituirse por otros cantos”.

PRINCIPIOS LITÚRGICOS

Esta página ha sido actualizada el  03/07/2017

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