Termina la Gran Semana

 

“Apareciéndoseles durante cuarenta días”

 

Con estas palabras, el libro de los Hechos pone fecha a la Ascensión del Señor, acontecimiento que es descrito de forma escueta: “a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista”. La ascensión es un aspecto del misterio – único e indivisible – de la salvación, del misterio pascual, del misterio de Cristo. Lecturas, oraciones, cantos, predicación… nos ayudarán a penetrar en él.

Por eso la cronología no tiene tanta importancia como el significado del hecho, y aunque los “cuarenta días” darían como terminación del periodo de apariciones del Resucitado el jueves de la sexta semana de Pascua, en España desde hace ya muchos años la solemnidad se traslada al domingo siguiente, el séptimo de Pascua, cuyas lecturas y oraciones propias son sustituidas por las de la Ascensión del Señor.

Hoy en todas las plegarias se añade un “Recuerdo propio” (embolismo) en el momento de hacer memoria del misterio de Cristo, mencionando su Ascensión. En el domingo de Pentecostés se hará algo semejante. En la plegaria eucarística tercera se hace siempre mención de la Ascensión, después de la consagración: “al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa”.

 

Un “día” que dura 50 días

 

“El domingo de Pentecostés concluye este sagrado período de cincuenta días con la conmemoración de la donación del Espíritu Santo derramado sobre los Apóstoles, el comienzo de la Iglesia y el inicio de su misión a todos los pueblos, razas y naciones.” (Carta sobre las Fiestas Pascuales, n. 107a).

Hoy termina el tiempo pascual, que se ha celebrado como un solo día, un “gran domingo”, o como una semana de siete semanas, una “gran semana”. Sin embargo, está permitido utilizar de nuevo la misa de este día o la del Espíritu Santo el lunes y martes siguientes – que pertenecen ya al tiempo ordinario – si en ellos los fieles deben o suelen participar en la misa.

Hay muchas semejanzas entre el domingo de Pascua y el de Pentecostés, que tienen que ver con sus orígenes históricos. Pentecostés fue un día dedicado en algunos lugares y épocas a la celebración de la iniciación cristiana, a imitación del día de Pascua. La actual vigilia es un indicio de ello, pero ahora tiene otra finalidad: “Se recomienda la celebración prolongada de la misa de la Vigilia de Pentecostés, que no tiene un carácter bautismal como la Vigilia de Pascua, sino más bien de oración intensa según el ejemplo de los Apóstoles y discípulos, que perseveraban unánimes en la plegaria junto a María, la Madre de Jesús, esperando el don del Espíritu Santo” (Carta, n. 107b). Como en la misa de Pascua, también en Pentecostés una secuencia –que conviene que sea cantada– precede al evangelio: Veni Sancte Spiritus, o “Ven, Espíritu divino” (CLN-256 y 258). Otra semejanza entre las dos celebraciones es la despedida, con doble aleluya. Esta tarde se retira el cirio pascual de su lugar cerca del ambón, donde ha estado durante el tiempo pascual, y se coloca en el baptisterio. Durante el año se encenderá en los bautizos y se pondrá junto al féretro en las exequias.

 

Emilio Vicente e Paz, Delegado Diocesano de Liturgia

Esta página ha sido actualizada el  31/05/2017

Obispado de Salamanca, C/Rosario, 18, 37001, Salamanca, España, Tel: 923128900 Fax: 923128901
casadelaiglesia@diocesisdesalamanca.com
Información Legal
2008 Informática Millán