Iglesia, servidora de los pobres (I)

Con este título la Conferencia Episcopal Española ha hecho pública el día 24 de abril una Instrucción Pastoral aprobada por su Asamblea Plenaria.

 

Ocasión y finalidad de la Instrucción

 

a) Los Obispos hemos querido mostrar en esta Instrucción nuestra cercanía a las personas y familias que han sufrido con mayor gravedad las consecuencias de la larga crisis económica, motivada por factores económicos, morales y sociales. A la vez hemos querido dejar constancia de nuestro reconocimiento y gratitud por el movimiento de generosidad y solidaridad surgido en personas, familias e instituciones sociales, así como en las comunidades e instituciones de la propia Iglesia, para acompañar y ayudar a los más necesitados.

 

b) Igualmente hemos pretendido compartir con los fieles y con la sociedad nuestras preocupaciones ante la situación que estamos viviendo, pues en este período de crisis se han acrecentado las desigualdades sociales y se han debilitado las bases de la justicia social. “Hasta que no se haga efectiva en la vida de los más necesitados la mejoría que los datos macroeconómicos señalan, no podremos conformarmos”.

 

c) La larga experiencia histórica y su repetida confirmación en esta última grave crisis nos señala la tarea permanente en orden a conseguir el objetivo de “vencer las causas estructurales de las desigualdades y de la pobreza”, como ha pedido el Papa Francisco en continuidad con la tradición de la Doctrina Social de la Iglesia. De ella ofrecemos en esta Instrucción los principios que iluminan y orientan nuestra reflexión sobre la situación social actual y dan fundamento a las propuestas que ofrecemos desde la fe para responder con esperanza y realismo a la gradual solución de los problemas sociales.

 

d) El contenido de esta Instrucción se enmarca de forma más inmediata en la enseñanza del Papa Francisco en el capítulo cuarto de la exhortación sobre “La Alegría del Evangelio”, que trata de “La dimensión social de la evangelización”. Y nos dispone a la vez a entrar en el clima del próximo Jubileo Extraordinario de la Misericordia, cuya apertura ha sido ya anunciada por el Papa para el día 8 de diciembre de 2015. En la Bula de convocatoria ha dicho Francisco: “Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina”.

 

Estas referencias adquieren una especial significación para el desarrollo de nuestra Asamblea diocesana, que deberá ocuparse también de la dimensión social de la fe y de la renovación de la pastoral social.

 

Sumario de la Instrucción

 

Introducción

1. La situación social que nos interpela

2. Factores que explican esta situación social

3. Principios de doctrina social que iluminan esta realidad

4. Propuestas esperanzadoras desde la fe

5. Conclusión

 

El documento se encuentra en la página Web de la Conferencia Episcopal. No es muy largo y tiene un lenguaje de fácil comprensión. Os animo a su lectura detenida, especialmente a aquellos que estáis ya implicados en el proceso de la Asamblea diocesana. No obstante, con el propósito de motivaros a la lectura del texto completo, o como información a quienes no podáis leerlo, os ofrezco la síntesis que sigue.

 

Síntesis de los contenidos

 

1. “La situación social que nos interpela”

 

Bajo este título se abordan los temas siguientes: 1.1. Nuevos pobres y nuevas pobrezas; 1.2. La corrupción, un mal moral; 1.3. El empobrecimiento espiritual.

 

1.1. “Nuevos pobres y nuevas pobrezas”: Se trata de la situación de las familias golpeadas por la crisis, de las pobrezas del mundo rural y de los hombres y mujeres del mar, y del hecho de la emigración.

 

Familias golpeadas por la crisis

 

Nos encontramos ante una sociedad envejecida como consecuencia de nuestra baja tasa de natalidad y del escandaloso número de abortos. La familia, afectada por una crisis cultural profunda, se ve inmersa actualmente en serias dificultades económicas que se agravan por la carencia de una política de decidido apoyo a las familias. Ha disminuido en muchos casos la capacidad adquisitiva y la protección social, y ha aumentado la desigualdad y la nueva pobreza. Esta situación aflige de modo especial a los hogares que han de cuidar de alguna persona discapacitada o sufren la pérdida de empleo de alguno de sus miembros e incluso de todos.

 

Algunas situaciones son especialmente dolorosas: el paro que afecta a los jóvenes y a las personas mayores de 50 años; la pobreza que padece la infancia, carente de medios materiales básicos y de un ambiente familiar y social apto para crecer, educarse y desarrollarse adecuadamente; los niños, inocentes e indefensos, a los que se les niega el derecho mismo a nacer; el número de mujeres afectadas por la penuria económica y las que son víctimas de la violencia doméstica o de la trata de personas con fines de explotación sexual, particularmente las extranjeras. Es necesaria una mejor educación y cultura de la vida que lleve a reconocer y respetar la igual dignidad de la mujer.

 

El documento tiene un recuerdo agradecido para los ancianos, que se han convertido en alivio de sus familias con su ayuda económica y con el cuidado de sus nietos. Y resalta que los niños y los abuelos son la esperanza de un pueblo.

 

Pobrezas del mundo rural y de los hombres y mujeres del mar

 

La articulación actual de la economía ha desplazado a muchas personas del mundo rural, provocando su despoblación y envejecimiento. Los labradores y ganaderos han visto incrementados los gastos de producción, sin que hayan podido repercutirlos en el precio de sus productos. Los pueblos más pequeños son habitados por una mayoría de ancianos y personas solas. Todo ello plantea problemas sociales de un profundo calado.

 

La pobreza del mundo rural, a veces, puede ser alimentada también por las mismas políticas de subsidios y la cultura de la subvención, que priva a las personas de su estima de la dignidad del trabajo y del sacrificio como medio justo para el logro del bienestar personal y colectivo.

 

La emigración, nueva forma de pobreza

 

Nos encontramos en un nuevo ciclo migratorio que está dando a Europa una nueva configuración como sociedad integrada por una mayor variedad de etnias, culturas y religiones. Es el momento de la integración, del cuidado de la convivencia fraternal y de reconocer la aportación de los inmigrantes a nuestra sociedad.

 

Y es la ocasión de mostrar la solidaridad con los inmigrantes, que son los más pobres entre los pobres. En el tiempo de la crisis se han recortado sus derechos, especialmente a los extranjeros sin papeles. Por ello, hemos recordado las palabras de san Juan Pablo II:”La pertenencia a la familia humana otorga a cada persona una especie de ciudadanía mundial, haciéndola titular de derechos y deberes, dado que los hombres están unidos por un origen y supremo destino comunes”.

 

Por otra parte, hemos resaltado que “son necesarios programas que vayan más allá de la protección de fronteras”, y “exhortamos a las autoridades a ser generosas en la acogida y en la cooperación con los países de origen”.

 

1.2. “La corrupción, un mal moral”: Denunciamos los casos de corrupción como conductas éticamente reprobables y como graves pecados derivados de la codicia financiera y la avaricia personal, que alteran el normal desarrollo de la actividad económica y social, y despiertan gran preocupación entre los ciudadanos.

 

Hemos recordado que el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia enseña que la corrupción política, “compromete el correcto funcionamiento del Estado, influyendo negativamente en la relación entre gobernantes y gobernados; introduce una creciente desconfianza respecto a las instituciones públicas, causando un progresivo menosprecio de los ciudadanos por la política y sus representantes, con el consiguiente debilitamiento de las instituciones”.

 

Como pastores de la Iglesia que peregrina en España sentimos el deber de reconocer que la mayoría de nuestros políticos ejerce con dedicación y honradez sus funciones públicas. Por ello, es urgente tomar las medidas adecuadas para poner fin a las prácticas lesivas de la armonía social y deformadoras del sistema político. Y hemos reiterado que “es necesario que se produzca una verdadera regeneración moral a nivel personal y social y, como consecuencia, un mayor aprecio por el bien común, que sea verdadero soporte para la solidaridad con los más pobres y favorezca la auténtica cohesión social. Dicha regeneración nace de las virtudes morales y sociales, se fortalece con la fe en Dios y la visión trascendente de la existencia, y conduce a un irrenunciable compromiso social por amor al prójimo”.

 

1.3. “El empobrecimiento espiritual”: Ponemos de manifiesto que este hecho está en el origen de las pobrezas materiales y de los graves males personales y sociales de nuestro tiempo. La indiferencia religiosa, la ligereza con que se cuestiona la existencia de Dios y el desinterés por el origen y destino trascendente del ser humano, tienen decisiva influencia en la conciencia personal y en el comportamiento moral y social del individuo. Ciertamente, el hombre puede organizar la tierra sin Dios, pero al fin y al cabo, sin Dios no puede menos de organizarla contra el hombre.

 

El empobrecimiento espiritual se da también en muchos bautizados que carecen de una suficiente formación cristiana y vivencia de la fe; esta falta de base les convierte en posibles víctimas de ideologías que les conducen fácilmente a una visión de las cosas y del mundo de espaldas a Dios, a un agnosticismo endeble. Estos hermanos están esperando de nosotros un nuevo anuncio del Evangelio.

 

La personalidad del hombre se enriquece con el reconocimiento de Dios. La fe da claridad y firmeza a nuestras valoraciones éticas. La aceptación del amor de Dios nos mueve a amar a todo hombre; y el amor fraterno nos acerca a Dios y nos hace semejantes a Él.

 

Jesucristo nos ha dado a conocer el rostro paternal y misericordioso de Dios y el verdadero rostro humano del hombre. Por ello, ignorar a Cristo constituye una indigencia radical. A los cristianos nos ha de doler profundamente la pobreza de quienes no le conocen. Y por haber conocido a Cristo nos sentimos llamados a reconocerle y servirle en todos los pobres, en todos los pordioseros de pan y de amor, que también están necesitados de nuestra solicitud espiritual.

 

A tal propósito, la Instrucción transcribe estas palabras del Papa Francisco: “Quiero expresar con dolor que la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria” (EvGa 200).

 

+Carlos, Obispo de Salamanca.

 


Esta página ha sido actualizada el  22/05/2015

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